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Nació doña Concepción Larrea de Soria un dos de diciembre de 1888 en la ciudad de México, del matrimonio formado por don Gilberto Larrea Gochicoa y dona Sofía Gómez Luna de Larrea. Su niñez transcurre un tanto difícilmente por la propia índole del empleo de su padre, jefe de telégrafos. Esto obliga al matrimonio a intempestivos cambios de residencia. Sin embargo este constante peregrinar por diversas ciudades de la República, no atenúa en la señora Soria su tempranera ansia por leer, que poco a poco se convierte en pasión, a pesar de lo poco de lectura que puede llegar a sus manos.

De la misma manera llegado el momento, el anhelo de educarse se ve reprimido por su amor y apego a la familia pues sobrelleva las tareas hogareñas más pesadas. Tiene así que convertirse en una verdadera autodidacta, hasta los 22 años de edad, en que por iniciativa propia se inscribe por primera vez en un colegio, en el puerto de Mazatlán, Sinaloa, donde por una coincidencia feliz, funge como Director el Profesor Félix Soria, quien le brinda una ayuda decisiva en sus estudios.

Doña Conchita, de carácter enérgico y de mente despierta, recibe por fin los conocimientos que tanto deseara. Así termina su instrucción primaria en el Colegio Mazatlán, y al poco tiempo recibe su primer nombramiento como maestra de escuela primaria. Fue don Félix Soria el encargado de pulir aquella personalidad.

Inseparable de don Félix, dedicándose ambos a la noble tarea de la enseñanza. En 1918 deciden establecer en Hermosillo, Sonora, su propia escuela, comenzando así la trayectoria de nuestras instituciones educativas.

Ahora sí, la vida de la "Señora", como la nombraban sus alumnos, está ligada por cada día de 55 años de dedicó a la vida escolar. Como maestra, después del grupo de 70 niñas con que iniciara en Mazatlán, después de su primer grupo con que iniciara su plantel en esta capital, se hizo cargo de grupos de segundo, tercero, cuarto y quinto de primaria.

Su tarea como maestra era inacabable: de salón en salón, a casa profesora de grupo y a miles de niños del Instituto y del Colegio, siempre enseñó con el ejemplo, siempre entusiasta, siempre con la pasión de forjar voluntades.

Al reconocimiento de su labor magisterial que siempre tuvo de parte de los padres de familia, se sumó el de sus hijos con la edificación del Colegio Larrea en el año de 1965, nombrado así en su honor.
La Señora Soria fallece un 23 de enero de 1973. Había vivido 85 años. Once lustros
de los mismos, al lado de la niñez de Sonora.

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