Cómo ayudar a su hijo con la temprana adolescencia
Cómo ayudar a su hijo con la temprana adolescencia
Los primeros años de la adolescencia suelen
ser una etapa desafiante tanto para los padres como para los hijos. Los
padres a menudo se sienten mal preparados y pueden considerar los años entre
los 10 y los 14 como una etapa que hay que "aguantar hasta que
pase". Sin embargo, las últimas investigaciones científicas, al igual
que el sentido común, nos indican que esta actitud es muy limitante. Durante
los primeros años de la adolescencia, los padres y las familias pueden
ejercer una gran influencia sobre el crecimiento y el desarrollo de sus
niños. No les damos el crédito que merecen si esperamos demasiado poco de los
jovencitos, y nos dejamos de dar crédito como padres si creemos que no
tenemos mucha influencia sobre ellos.
No es fácil ser padre de un adolescente.
Muchas influencias externas los distraen y complican nuestros esfuerzos. El
cansancio, la ansiedad, la falta de apoyo y los recursos limitados pueden
complicar nuestras intenciones de ser todo lo que queremos ser para nuestros
hijos. Pero no importa cuales sean nuestros obstáculos, todos compartimos una
gran meta: Ser los mejores padres para nuestros hijos. Esperamos que ustedes
sientan que éste folleto les ha sido útil en sus esfuerzos por alcanzar esta
meta.
Algunos obstáculos,
pero no montañas
Cómo ayudar a su hijo con
la temprana adolescencia
Mencione que tiene hijos adolescentes y otros
adultos le responderán con una mirada de "cuánto lo siento". Quizás
ellos se imaginan cuartos donde la tarea perdida comparte espacio en el piso
con bolsas de papitas vacías y ropa sucia.
Un paso muy importante para ayudar a su hijo—y a usted
mismo—es aprender todo lo que pueda sobre el mundo en que viven los
adolescentes, el mundo fascinante, confundido y maravilloso de los años
entre los 10 y los 14 años de edad.
Pero las preocupaciones de los padres suelen
ser más serias que cuartos desordenados. Ellos se preocupan por los problemas
que los jóvenes de hoy enfrentan a menudo: las emociones turbulentas,
presiones de los amigos, poca motivación, las drogas, el alcohol y los
embarazos.
Entre los 10 y 14 años de edad, los niños
cambian física, emocional y mentalmente. Todos estos cambios pueden
desequilibrar las vidas de los adolescentes y sus padres. Pueden surgir
problemas mayores, especialmente entre aquellos niños que por otras razones
ya están a riesgo del fracaso escolar.
Por otro lado, si usted habla con los adultos que trabajan con
adolescentes—maestros, consejeros escolares y directores—usted verá otro
punto de vista. Es cierto que los adolescentes suelen ser frustrantes y
desafiantes, y que pueden acabar con nuestra paciencia. Sin embargo, también
es cierto que estos mismos jovencitos suelen ser graciosos, curiosos, dotados
con una gran imaginación y ansiosos por aprender. Tal como lo confirman los
estudios científicos, la mayoría de los adolescentes enfrentan algunos
obstáculos, pero no montañas insuperables. Ellos (y sus padres) pueden entrar
en terreno difícil, pero lo superan durante la adolescencia para llegar a ser
personas adultas que desarrollan su carrera, entablan relaciones
significativas y se convierten en buenos ciudadanos.
La jornada durante éstos años difíciles se facilita cuando los padres, las
familias y los guardianes aprenden todo lo que pueden sobre ésta etapa en la
vida de los niños y cuando les dan apoyo. Este folleto ha sido diseñado con
éste propósito en mente. Recauda información basada en los estudios
científicos y en entrevistas con maestros, consejeros y directores escolares
que se han destacado nacionalmente—y que también son o han sido padres de
adolescentes.
¿Cómo va a cambiar mi hijo entre los 10 y los 14 años de edad?
¿Qué
puedo hacer para ser un buen padre con mi adolescente?
¿Cómo
puedo mejorar la comunicación con mi hijo?
¿Cuánta
libertad le debo dar?
¿Cómo
puedo ayudar a mi hijo a tener mayor confianza en sí mismo?
¿Cómo
le puedo ayudar a formar buenas amistades y resistir la presión negativa
de otros?
La jornada durante éstos años difíciles se facilita cuando
los padres, las familias y los guardianes aprenden todo lo que pueden
sobre ésta etapa en la vida de los niños y cuando les dan apoyo.
¿Qué
puedo hacer para que los medios no tenga una influencia negativa en mi
hijo?
¿Cómo
es la escuela para los adolescentes?
¿Cuál
es la mejor manera de mantenerme activo en las actividades escolares de
mi hijo?
¿Qué
puedo hacer para que mi hijo tenga éxito en la lectura?
¿Cómo
puedo motivar a mi hijo para que aprenda y se destaque dentro y fuera de
la escuela?
¿Qué
puedo hacer para que mi hijo desarrolle valores morales y sepa
distinguir entre lo bueno y lo malo?
¿Cómo
puedo saber—y qué debo hacer—si mi hijo tiene un problema serio?
Cambios
Cómo ayudar a su hijo con
la temprana adolescencia
¿Cómo va a cambiar mi hijo entre los 10 y los
14 años de edad?
Todas las personas crecen y cambian a lo largo
de su vida, pero durante los primeros años de la adolescencia, la rapidez de
estos cambios es particularmente evidente. Consideramos que a los 10 años de
edad todavía son niños; pero pensamos que al llegar a los 14 años, ellos son
"casi adultos". Nos da gusto ver los cambios, pero también se nos
hacen un poco difíciles de manejar. Cuando los niños son pequeños, es más
fácil predecir cuándo va a llegar un cambio y que tan pronto se manifestará.
Pero durante los primeros años de la adolescencia, la relación entre la edad
verdadera de un niño y los índices de su desarrollo se atenúan. La forma
exacta en que los jovencitos se desarrollan en estos años es influenciada por
varios factores: por ejemplo, la genética, las familias, los amigos, los
vecindarios, los valores y otras fuerzas sociales.
Cambios físicos
Al entrar en la pubertad, los adolescentes
pasan por grandes cambios físicos, y no sólo en relación con su estatura y
figura, pero también en otras formas, tales como el desarrollo del vello
púbico y en las axilas, así como el olor que exude de sus cuerpos. En las jovencitas,
los cambios incluyen el desarrollo de los senos y el comienzo de la
menstruación; en los varones, los cambios incluyen el desarrollo de los
testículos.
No todos los adolescentes comienzan la
pubertad a la misma edad. En las jovencitas, estos cambios pueden llegar
entre los 8 y los 13 años de edad; en los varones generalmente la pubertad
comienza dos años más tarde. Este es la etapa durante la cual las
características físicas varían más entre los compañeros de clase y entre los
amigos—algunos pueden crecer tanto que, al terminar el año escolar, ya no
caben en los pupitres que se les asignaron el septiembre anterior. Para
otros, los cambios llegan más despacio.
Los primeros años de la adolescencia traen
consigo nuevas preocupaciones sobre la auto-imagen y su apariencia física.
Jóvenes de ambos géneros que anteriormente no se preocupaban por apariencia
ahora invierten horas frente al espejo, preocupándose o quejándose—ya sea por
ser demasiado altos, bajitos, gordos o flacos, o por sus luchas contra el acné.
No todas las partes del cuerpo crecen a la misma vez ni con la misma rapidez.
Las manos y los pies, por ejemplo, pueden crecer más rápido que los brazos y
las piernas. Puesto que el movimiento del cuerpo requiere de la coordinación
de sus partes—y estas partes van cambiando a su propio paso—los adolescentes
pueden ser torpes en sus actividades físicas.
La rapidez del crecimiento físico y el desarrollo pueden
influenciar otros aspectos de la vida del adolescente. Una niña de 11 años
que ya ha llegado a la pubertad tendrá intereses distintos a los de una niña
que no la alcanza hasta los 14. Los adolescentes que se desarrollan demasiado
temprano o demasiado tarde tienen sus preocupaciones particulares. Los que se
desarrollan muy tarde (especialmente los varones) pueden sentir que no pueden
participar en los deportes y competir con los compañeros más desarrollados.
Los que se desarrollan muy temprano (especialmente las niñas) pueden sentirse
presionadas por entrar en situaciones adultas antes de estar preparadas
emocional o mentalmente para enfrentarlas. Los efectos de la edad en la cual
comienzan los cambios de la pubertad, combinados con las formas en que los
amigos, los compañeros, las familias y la sociedad en general responden a
estos cambios, pueden tener efectos a largo plazo sobre un adolescente. Sin
embargo, a algunos adolescentes les agrada desarrollarse diferentemente de
sus amigos. Por ejemplo, quizás disfrutan de ciertas ventajas, especialmente
en los deportes, que el desarrollo temprano les ofrece sobre los compañeros
que maduran más lentamente.
No importa cómo se desarrollen, muchos
adolescentes tienen una perspectiva distorsionada sobre sí mismos y necesitan
que se les asegure que las diferencias en la rapidez de su desarrollo son
normales.
Cambios emocionales
La mayoría de los expertos creen que la idea
de que los adolescentes son regidos por las "hormonas
descontroladas" es una exageración. No obstante, esta es una edad llena
de cambios rápidos en su estado emocional, el mal genio y una gran necesidad
por la privacidad, así como la tendencia a ser temperamentales. Los niños
pequeños no pueden pensar en el futuro demasiado, pero los adolescentes sí
pueden y suelen hacerlo con frecuencia—lo que resulta en que se preocupen por
el futuro. Algunos podrían preocuparse excesivamente de:
su
rendimiento en la escuela;
su
apariencia, su desarrollo físico y su popularidad;
la
posibilidad de que uno de sus padres fallezca;
ser
hostigados en la escuela;
la
violencia escolar;
no
tener amigos;
las
drogas y el alcohol;
hambre
y pobreza en el país;
fracaso
en obtener empleo;
bombas
nucleares o ataques terroristas en el país;
el
divorcio de sus padres; y
la
muerte.
Muchos adolescentes son un poco cohibidos. Y
dado que los cambios físicos y emocionales son drásticos, también suelen ser
muy sensibles sobre sí mismos. Quizás se preocupen por algunas cualidades
personales o "defectos" que para ellos son algo muy importante,
pero que para otros son inconsecuentes. (Ellos piensan: "No puedo ir a
la fiesta esta noche porque todos se van a reír de la
espinilla tamaño pelota que traigo en la frente." Realidad: La espinilla
es pequeñita y la esconde el cabello.) Un adolescente también puede estar
bastante absorto en sí mismo. Puede creer que él es la única persona en el
mundo que siente como él, o que tiene las mismas experiencias, o que es tan
especial que nadie más, especialmente su familia, lo puede comprender. Esta
creencia puede contribuir a los sentimientos de soledad y aislamiento.
Además, el enfoque en sí mismo puede afectar la manera en que el adolescente
se relaciona con familiares y amigos. ("¡No puedo soportar
que me vean salir al cine con mi mamá!")
Las emociones del adolescente a veces parecen
exageradas. Sus acciones son inconsistentes. Es normal que los adolescentes
cambien repentinamente de estado emocional, entre la felicidad y la tristeza,
entre sentirse inteligentes o estúpidos. De hecho, algunas expertos
consideran que la adolescencia es como una segunda niñez temprana. Como
explica Carol Bleifield, una consejera escolar de nivel secundario en
Wisconsin, "De momento quieren que se les trate y les cuide como a un
niño pequeño. Pero cinco minutos más tarde quieren que los adultos se alejen
de ellos, diciendo, 'Déjame hacerlo sólo'". Puede ser beneficioso si
usted les ayuda a comprender que están atravesando una etapa con muchos y
grandes cambios, cambios que no siempre parecen resultar en el
progreso."
Además de los cambios emocionales que ellos
sienten, los adolescentes exploran varias formas de expresar sus emociones.
Por ejemplo, un joven que anteriormente saludaba a sus amigos y visitas con
abrazos afectuosos, puede de repente cambiar a un adolescente que saluda con
el más leve reconocimiento. Similarmente, los abrazos y besos que antes
expresaban su amor por sus padres ahora se convierten en un alejamiento y una
expresión de, "Ya déjame, mamá". Es importante recordar que estos
son cambios a las formas en que ellos expresan sus sentimientos, y no cambios
a los sentimientos en sí por sus amigos, sus padres y
otros familiares.
Pero esté pendiente por señas de cambios
emocionales excesivos o por períodos de tristeza de larga duración. Estas
señales pueden indicar problemas emocionales severos.)
Cambios cognoscitivos
Los cambios cognoscitivos o mentales de la
adolescencia temprana son menos fáciles de observar, pero pueden ser tan
dramáticos como los cambios físicos y emocionales. Durante la adolescencia,
la mayoría de los jovencitos avanzan dramáticamente en la forma en que
piensan, razonan y aprenden. Los niños pequeños necesitan ver y tocar las
cosas para convencerse que son reales. Pero durante los primeros años de la
adolescencia, los niños mejoran su capacidad de pensar sobre ideas y cosas
que no pueden ver ni tocar. Ellos pueden razonar mejor para resolver
problemas y anticipar las consecuencias o considerar distintos puntos de
vista o de acción. Por primera vez, ellos pueden reflexionar sobre lo que
pudiera ser, en vez de lo que es. Un niño de 6 años de edad piensa que una
persona que sonríe está feliz y que una persona que llora se siente triste.
Un niño de 14 años pudiera razonar que una persona que se siente triste
sonríe para esconder sus sentimientos verdaderos.
Los cambios cognoscitivos permiten que los
adolescentes puedan aprender material más avanzado en la escuela. Se sienten
más ansiosos por adquirir y aplicar conocimientos nuevos y por considerar una
variedad de ideas y opciones. Estos cambios mentales también se aplican a su
vida emocional. Por ejemplo, dentro de la familia, la capacidad de razonar
puede cambiar la forma en que el adolescente habla y actúa frente a sus
padres. Puede anticipar las reacciones de sus padres ante lo que expresa o
hace y prepara una respuesta o una explicación de antemano.
Adicionalmente, estos cambios mentales causan
que los adolescentes consideren quienes son y quiénes quieren llegar a ser.
Este proceso se llama la formación de identidad y es
una actividad mayor durante la adolescencia. La mayoría de los adolescentes
exploran una variedad de identidades. Adoptan "fases" que a un
padre le parece que cambian constantemente. De hecho, los adolescentes que no
atraviesan este período de exploración están más expuestos a problemas
sicológicos, especialmente la depresión, cuando lleguen a ser adultos.
Al igual que los adultos que con mayor
experiencia y madurez cognoscitiva pueden batallar con sus diferentes roles o
papeles, los adolescentes batallan para desarrollar un sentido de quien son.
Comienzan a darse cuenta que juegan diferentes papeles con distintas personas:
hijo o hija, amigo, compañero, alumno y trabajador, entre otros.
Comienzan a darse cuenta que juegan diferentes papeles con
distintas personas: hijo o hija, amigo, compañero, alumno y trabajador,
entre otros.
Los adolescentes podrán pensar más como los
adultos, pero todavía carecen de la experiencia necesaria para actuar como
adultos. Como resultado, su comportamiento puede no encajar con sus ideas.
Por ejemplo, su hijo puede participar emocionadamente en una caminata para
recaudar fondos para rescatar el medio ambiente—y al mismo tiempo tirar las
latas de refresco en la calle mientras camina. O puede pasarse toda la noche
en el teléfono o en la computadora, intercambiando mensajes con un amigo
hablando sobre cómo les cae mal un compañero porque es muy chismoso.
Toma tiempo para que los adolescentes y sus
padres se adapten a todos estos cambios. Pero los cambios también pueden ser
muy emocionantes. Estos cambios le permiten al adolescente ver cómo llegará a
ser en el futuro y hacer planes para lograr ser la persona que desea ser.
***Nota: Usamos el
género masculino y femenino intercambiablemente, usando en veces
"niño" y a veces "niña." Nuestra intención es de
simplificar el lenguaje. Queda entendido, sin embargo, que todas nuestras
recomendaciones sobre la lectura se aplican de igual manera a las niñas y a
los niños.
Cómo ser un padre
eficaz
Cómo ayudar a su hijo con
la temprana adolescencia
¿Qué puedo hacer para ser un buen padre con mi
adolescente?
Los padres frecuentemente se involucran menos
en las vidas de sus hijos cuando entran a la secundaria. Pero un adolescente
necesita la misma cantidad de atención y amor de usted que cuando era más
pequeño—y quizás un poco más. Una buena relación con usted y otros adultos es
la mejor defensa para su niño a medida que va creciendo y explorando más.
Para cuando llegue a la adolescencia, usted ya habrá tenido años de
experiencia con él; el padre del bebé de hoy será el padre del adolescente de
mañana.
Su relación con su hijo puede cambiar—de
hecho, es casi seguro que debe cambiar—a medida que desarrolla las destrezas
necesarias para tener éxito como adulto. Estos cambios pueden ser agradables
y beneficiosos. A medida que su alumno de secundaria se desarrolla mental y
emocionalmente, sus conversaciones serán más ricas y sustanciosas. A medida
que sus intereses se desarrollan y profundizan, su adolescente le enseñará a usted—cómo
lanzar una pelota de béisbol, qué está sucediendo en el cabildo de la ciudad,
o la junta del condado, o los méritos de un nuevo libro.
El pueblo de los Estados Unidos posee una gran
variedad de actitudes, opiniones y valores. Los estadounidenses tienen
distintas ideas y prioridades, las cuales afectan la manera en que criamos a
nuestros hijos. A pesar de estas diferencias, las investigaciones científicas
han demostrado que los padres eficaces poseen las siguientes cualidades en
común:
Demuestran
amor. Cuando los niños se
portan mal, nos hacen enojar. Nosotros también nos sentimos mal porque
estamos enojados o molestos. Pero estos sentimientos no quieren decir que no
queremos a nuestros niños. Los adolescentes necesitan adultos con quienes
puedan contar—personas que formen un enlace con ellos, se comuniquen con
ellos, inviertan tiempo con ellos y demuestren interés genuino por su
bienestar. Así aprenden a cuidar y amar a otras personas. Según la consejera
escolar Carol Bleifield, "Los padres pueden amar a sus hijos sin
necesariamente amar lo que hacen—y los niños deben confiar que esto es cierto".
·Dan apoyo. Los adolescentes necesitan apoyo mientras batallan con
problemas que quizás los padres y las familias no piensen que son tan
importantes. Necesitan elogio cuando han dado su mejor esfuerzo. Necesitan
aliento para desarrollar sus intereses y sus características personales.
Los adolescentes necesitan adultos con quienes puedan
contar—personas que formen un enlace con ellos, se comuniquen con ellos,
inviertan tiempo con ellos y demuestren interés genuino por su bienestar.
·Fijan límites. Los adolescentes necesitan padres u otros adultos que les den
estructura y supervisión de manera consistente, firme y adecuada para su edad
y etapa de desarrollo. Los límites ayudan a mantener emocionalmente seguros a
todos los niños y adolescentes. Carole Kennedy es una ex directora de
secundaria, una directora-en-residencia del Departamento de Educación de los
Estados Unidos (2000) y presidenta de la Asociación Nacional de Directores de
Nivel Primario. Ella lo expresa de la siguiente manera, "Ellos necesitan
que los padres les digan, "No, no puedes ir al centro comercial todo el
día o al cine con ese grupo de muchachos". La sicóloga Diana Baumrind
identifica tres tipos de padres: autoritario, indulgente y con
autoridad experta. Al analizar los resultados de más de 20 años
de investigación, ella y sus colegas descubrieron que para ser padres
eficaces, lo mejor es evitar los extremos. Los padres autoritarios
que imponen reglas rígidas y esperan que los hijos siempre obedezcan o los
padres indulgentes que tienen pocas reglas y les dan
demasiada libertad a sus hijos, son los padres que probablemente tendrán más
dificultades con sus hijos. Los niños corren mucho riesgo de sufrir
consecuencias negativas emocionales y en su comportamiento. Sin embargo, los
padres con autoridad experta, quienes fijan límites
claros y con buenas explicaciones, tienden a tener menos dificultades con sus
adolescentes. "Hazlo porque yo digo" quizás no les rindió muy
buenos resultados con su niño cuando tenía 6 años, y ahora que es un
adolescente, les rendirá todavía menos. (Para mayor información sobre cómo
fijar límites.
·Dan buenos ejemplos. Los
adolescentes necesitan buenos ejemplos. Intente vivir con el comportamiento y
los valores que usted espera que su hijo desarrolle. Sus acciones dicen mucho
más que sus palabras. Si usted fija metas altas para sí mismo y trata a otras
personas con amabilidad y respeto, es más probable que su niño seguirá su
ejemplo. Mientras que los adolescentes exploran distintas posibilidades sobre
quién quieren ser, ellos buscan ejemplos entre sus padres, sus compañeros,
personalidades famosas y otras personas para definir quién serán.
Si usted fija metas altas para sí mismo y trata a otras
personas con amabilidad y respeto, es más probable que su niño seguirá su
ejemplo.
Enseñan
la responsabilidad. Nadie
nace sabiendo cómo actuar responsablemente. Un sentido de
responsabilidad se forma con tiempo. A medida que los niños crecen,
ellos aprenden a hacerse cada vez más responsables por:
hacer sus deberes, como trabajar en el patio,
limpiar sus cuartos, o ayudar a preparar la comida, deberes que
contribuyen al bienestar familiar;
terminar su tarea sin que se les ruegue;
involucrarse en actividades comunitarias;
buscar formas de ayudar a otras personas; y
hacerse responsables por las buenas y las malas
decisiones que toman.
·Proveen una
variedad de experiencias. La
adolescencia es una buena etapa para explorar nuevas áreas y hacer nuevas
cosas. Su adolescente quizás intente nuevos deportes, o nuevos intereses
académicos o lea nuevos libros. Quizás experimente con diferentes tipos de
arte, o quiera aprender de distintas culturas o sobre carreras y tome parte en
actividades comunitarias o religiosas. Según sus recursos, usted puede abrir
puertas para su hijo. Usted puede presentarle nuevas personas y nuevos
mundos. Al hacerlo quizás usted recobre intereses o talentos que ha ignorado
por años, y puede poner un buen ejemplo para su hijo. No se desaliente cuando
los intereses del joven cambien.
·Demuestran
respeto. Es muy tentador
calificar a todos los adolescentes como rebeldes y dificultosos. Pero estos
jovencitos varían tanto entre sí como los niños en cualquier otro grupo. Su
hijo necesita que se le trate con respeto, lo cual requiere que usted
reconozca y aprecie sus diferencias y que lo trate como un individuo. El
también requiere que usted le demuestre compasión al intentar ver las cosas
desde su punto de vista y considerar sus necesidades y sentimientos. Al
tratar a su adolescente con respeto, usted le ayuda a encontrar placer en el
buen comportamiento.
No existen los padres perfectos. Pero tenga en
mente que una mala decisión tomada durante un día difícil (o una semana o un
mes) no tendrá un efecto negativo de larga duración en la vida de su hijo. Lo
que más importa para ser un padre eficaz es lo que usted hace a la larga.
La comunicación
Cómo ayudar a su hijo con
la temprana adolescencia
¿Cómo
me puedo comunicar mejor con mi hijo?
Los adolescentes no se destacan por sus
destrezas comunicativas, especialmente con sus padres y otros adultos que los
quieren. Emily Hutchison, una maestra de secundaria de Texas, dice que los
jovencitos en los primeros años de la adolescencia "frecuentemente
sienten que pueden comunicarse mucho mejor con quien sea, con tal que no sean
sus padres—aunque sean padres maravillosos". "Tienden a ser muy
reservados," explica Patricia Lemons, una maestra de secundaria de Nuevo
México. " No necesariamente quieren contarles lo que hicieron en la
escuela hoy."
Varios sicólogos han descubierto que cuando
los padres saben dónde están sus hijos y qué están haciendo (y cuando el
adolescente sabe que el padre sabe, lo que los sicólogos llaman vigilancia),
los adolescentes corren menos riesgo de tener malas experiencias, incluyendo
drogas, uso de alcohol y tabaco; actividad sexual y embarazo ; delincuencia y
violencia. La clave, según los sicólogos, está en ser curioso pero no
interferir, en esforzarse por respetar la privacidad de su hijo al establecer
confianza y acercamiento emocional.
A veces entre menos consejos ofrezca, más se los va a pedir
su adolescente.
Es más fácil comunicarse bien con un
adolescente cuando estos hábitos se han establecido desde la niñez. Según lo
explica la consejera escolar Carol Bleifield, "Uno no sale
repentinamente y pregunta a su hijo de séptimo grado, '¿qué hiciste con tus
amigos el viernes por la noche?' " Pero no es imposible mejorar la
comunicación cuando su hijo llega a la adolescencia. Aquí les damos algunos
consejos:
·Reconozca que
no existe una receta exacta para la buena comunicación. Lo que funciona bien para lograr que un hijo hable sobre lo que
le es importante, no siempre funciona con otro. Una maestra de secundaria y
madre de dos dice que su hija es muy abierta y conversadora; su hijo es más
callado. Pero ya que su hijo disfruta de la música, le gusta escribir y leer,
su madre lo acompaña frecuentemente a la librería local. Es allí, en un lugar
cómodo para él, que el hijo comparte con ella historias y personajes como un
enlace con los que él está pensando y sintiendo. Al escuchar música con él y
revisar sus trabajos literarios cuando él se lo permite, esta madre fomenta
las condiciones que alientan al hijo a compartir con ella.
·Escuche. "Usted tiene que invertir bastante tiempo sin
hablar," sugiere Diane Crim, una maestra de secundaria de Utah. El
escuchar bien significa evitar interrumpir y poner atención. Esto se logra
mejor en un lugar callado, sin distracciones. Es difícil escuchar
cuidadosamente si también está cocinando o viendo la televisión.
Frecuentemente el simple hecho de hablar con su hijo sobre un problema o un
asunto ayuda a esclarecer las cosas. A veces entre menos consejos ofrezca,
más se los va a pedir su adolescente. El escuchar puede ser el mejor método
para descubrir un problema serio que requiere de atención inmediata.
·Crea
oportunidades para hablar.
Para poder comunicarse bien con su hijo usted tiene que estar disponible. Los
adolescentes resisten las pláticas "programadas"; ellos no se
disponen a compartir cuando usted se los pide, sino cuando ellos
quieren. Algunos adolescentes prefieren hablar cuando llegan a casa de la
escuela. Otros prefieren hablar en sobremesa, o antes de irse a la cama.
Algunos padres hablan con sus hijos en el carro, de preferencia cuando el
radio casetes o discos están apagados. "Yo llevo a mi hija al centro
comercial—no al que nos queda cerca, pero al más 'buena onda' que queda a una
hora y media de distancia," dice una maestra de secundaria que también
es madre. Las mejores conversaciones suelen resultar de actividades
compartidas. "Los padres tratan de tomar ventaja de algunos momentos
raros y esperan tener una comunicación profunda con el hijo," observa
Sherry Tipps, una maestra de Arkansas. "Luego se frustran cuando no lo
logran."
·Hablen sobre
sus diferencias. La
comunicación se desvanece para algunos padres porque se les hace difícil
manejar las diferencias con sus hijos. Es más fácil limitar el efecto de
estas diferencias cuando usted pone en claro sus expectativas. Si su hija de
13 años de edad sabe que debe estar en casa antes de las 9:30 p.m.—y conoce
bien las consecuencias de llegar tarde—la probabilidad de que llegará a casa
a tiempo aumenta.
La comunicación se desvanece para algunos padres porque se
les hace difícil manejar las diferencias con sus hijos.
·Las diferencias de
opinión son más fáciles de manejar cuando reconocemos que estas diferencias
nos pueden proveer oportunidades importantes para evaluar los límites
impuestos y negociarlos de nuevo, una destreza muy valiosa para su hijo. Por
ejemplo, cuando su hija cumpla los 14 años, quizás sea bueno darle la
oportunidad de llegar más tarde en algunas ocasiones especiales. Estas
negociaciones son posibles dado el desarrollo de las destrezas cognoscitivas
de su hija y su capacidad de razonar y considerar muchas posibilidades y
perspectivas. Puesto que ella puede considerar que su hora de llegada debe
ser más tarde en los fines de semana que entre semana, si usted insiste que
"eso no importa" sólo creará más conflicto.
·Cuando las diferencias
surgen, compartir sus preocupaciones con su hijo firmemente pero con calma
previene que las diferencias se conviertan en plena guerra. Es más útil
explicar el porqué de la mala decisión que su hijo ha
tomado o quiere tomar: "Si te sales de la clase de álgebra te limitarás
muchas oportunidades en el futuro. Muchas universidades no te aceptarán si no
tienes dos años de álgebra, además de geometría y trigonometría. Más bien,
vamos a buscarte ayuda con el álgebra".
·Evite
reaccionar de forma exagerada. Si
usted reacciona muy fuerte es probable que lo que sigue son gritos y
acusaciones que acaban con la conversación. "Trate de mantener fuera de
la conversación su ansiedad y sus emociones—entonces los jóvenes se disponen
a la conversación," aconseja la maestra de octavo grado Anne Jolly de
Alabama. En vez de reaccionar con coraje, dice ella, "Es mejor
preguntar, '¿Qué piensas sobre lo que hiciste? Vamos a hablar sobre
esto'".
El maestro de secundaria
Charles Summers agrega, "Los jovencitos son más aptos a compartir con
alguien que ellos saben no va a divulgar sus secretos o molestarse demasiado
si ellos le confiesan algo. Si su hijo le dice, 'Tengo algo que decirte. El
viernes probé una cerveza,' y usted pierde los estribos, lo más seguro es que
no le vuelve a contarle nada".
Durante esta etapa en la
cual se juzgan a sí mismos muy duramente, los adolescentes son muy
vulnerables cuando se abren con sus padres. Sabemos que la mejor manera de
alentar un cierto comportamiento es recompensándolo. Si usted ofrece crítica
cuando su hijo habla con usted, lo que él ve es que su franqueza le trae un
castigo en vez de una recompensa.
·Hable sobre las
cosas que son importantes para su adolescente. Cada jovencito prefiere hablar sobre distintas cosas. Algunas
de las cosas sobre las que quieren hablar quizás no le parezcan importantes,
pero, como explica la consejera escolar Carol Bleifield, "Con los
jovencitos, a veces es toda una cultura distinta. Usted tiene que comprender
esto, debe intentar ponerse en su lugar y en su época". Pero también
advierte que no hay que fingir interés por algo que le aburre. Al hacer
preguntas y escuchar, usted le demuestra a su hijo que respeta sus
sentimientos y opiniones. Estos son algunos de los temas que les interesan en
esta edad:
oLa escuela. Si usted le pregunta, "¿Qué hiciste en la escuela
hoy?" la respuesta más probable será, "Nada." Obviamente,
usted sabe que no es cierto. Al examinar el libro de tareas o leer las notas
que el niño trae a casa, usted se dará cuenta que el martes, su niño de 10
años comenzará a estudiar los animales de Sudamérica en peligrode extinción,
o que el juego de fútbol está programado para el viernes de noche. Con ésta
información a la mano, usted puede hacerle preguntas a su hijo sobre clases o
actividades específicas, lo cual resultará en un
mejor inicio a la conversación.
oAficiones e
intereses personales. Si
su hijo ama los deportes, hablen sobre su equipo favorito o vean la Serie
Mundial o las Olimpíadas juntos. La mayoría de los adolescentes se interesan
en la música. Barbara Braithwaite, una maestra de secundaria de Pensilvania,
señala que "La música es la huella que deja cada generación. La música
define a cada categoría de edad. Los padres, como mínimo, deben saberse los
nombres de los cantantes más populares." Sin embargo, es muy importante
que usted se comunique claramente con su hijo si usted piensa que la música
que escucha es inapropiada—y explíquele por qué. Si usted guarda silencio, él
puede interpretar que usted aprueba.
"La música es la huella que deja cada generación. La
música define a cada categoría de edad. Los padres, como mínimo, deben
saberse los nombres de los cantantes más populares."
oEmociones. Como señalamos anteriormente, los adolescentes se preocupan
bastante por varias razones. Se preocupan por: sus amigos, su popularidad, su
sexualidad, estar en sobrepeso o flacos, el examen de matematica, sus notas,
entrar a la universidad, ser abandonados y el futuro del mundo. Y la lista no
se acaba. A veces es difícil discernir si un problema es algo de importancia
para su hijo. La consejera escolar Carol Bleifield dice que cuando no está
segura, ella pregunta, "¿Es este un problema pequeño, mediano o grande?
¿Qué tan importante es para ti? ¿Qué tan a menudo te preocupa?" Al
descifrar la magnitud y la importancia del problema usted puede decidir mejor
cómo enfrentarlo.
oFamilia. A los adolescentes les gusta hablar sobre y participar en los
planes para toda la familia, como las vacaciones, al igual que las cosas que
les afectan individualmente, como las horas para llegar a casa y la cantidad
de sus salarios. Si usted necesita una operación en la espalda, su hijo
querrá saberlo de antemano. Quizás quiera aprender un poco más sobre la
operación. Al formar parte de este tipo de conversaciones familiares, su hijo
se sentirá más seguro de su pertenencia en la familia.
oTemas
delicados. Las familias deben
abordar temas sensibles de manera que encaje bien con sus valores familiares.
Recuerde que evadir estos temas no va a eliminar su existencia. Si usted
evita hablar con su hijo sobre temas difíciles, lo más probable es que él
buscará esta información en los medios o con sus amigos. Esto aumenta la
probabilidad de que lo que escuche no esté de acuerdo con sus valores o que
la información sea errónea—o las dos cosas. Sharon Sikora, maestra de
secundaria de Colorado, explica que los alumnos de secundaria comparten mucha
información incorrecta sobre temas que son muy importantes. Dicen que saben
acerca de algunos temas delicados pero verdaderamente no saben mucho.
Enfrentar un tema sensible directamente a veces no funciona, señala la Srta.
Sikora. "Uno no puede sentarlos y decir, 'Hoy vamos a hablar sobre el
uso de la marihuana.' Esa es la forma más directa de acabar con una
conversación sin siquiera comenzarla."
oLas vidas de los
padres, esperanzas y sueños.
Muchos adolescentes quieren tener una ventanita al mundo de sus padres, el
mundo pasado y el presente. ¿Cuántos años tenías cuando te perforaste las
orejas? ¿Tuviste alguna vez un maestro que te volvía loco? ¿Recibías un salario
cuando tenías 11 años? ¿Cuánto te daban los abuelitos? ¿Te sentiste triste
cuando murió Abuelito? ¿Cómo es tu jefe en el trabajo? Esto no significa que
usted debe sentirse obligado a compartir todas sus penas con su hijo.
Recuerde que usted es su padre, no su igual, y a veces es mejor no responder
a una pregunta indiscreta. Sin embargo, recordar detalles de su niñez y su
vida actual le puede ayudar a su hijo a comenzar a dar definición a su propia
vida.
oEl futuro. A medida que las capacidades cognoscitivas de los adolescentes
se van desarrollando, ellos comienzan a pensar cada día más en el futuro y
sus posibilidades. Su hijo quizás quiera hablar más sobre lo que puede
anticipar que la vida le ofrezca en los próximos años—cómo será la vida
después de la secundaria, el trabajo, el matrimonio. Quizás pregunte,
"¿Cómo es vivir en un dormitorio universitario?" "¿Cuántos
años hay que tener para poder casarse?" "¿Qué probabilidades hay de
que el mundo explote algún día?" "¿Habrá suficiente gasolina en el
mundo para que yo pueda tener un carro cuando sea más grande?" Estas
preguntas merecen su mejor respuesta. (Y cuando no pueda responder con
certeza, estas preguntas merecen un "No sé" honesto)
oCultura,
acontecimientos. Vivimos en un
mundo saturado por los medios de comunicación. Hasta los niños más pequeños
se exponen constantemente a programas de televisión, música, cine, juegos
electrónicos y otros medios. No olviden que los medios que su hijo escoge le
pueden abrir una ventana a su mundo. Por ejemplo, si ustedes han visto la
misma película (juntos o por su cuenta), usted le puede preguntar cómo le
gustó y cuales fueron sus partes favoritas.
No importa cuánto lo provoque, siempre es mejor responder
con calma.
·Comuníquese con
amabilidad y respeto.
Los adolescentes a veces dicen o hacen cosas vergonzosas o mal intencionadas,
a veces las dos cosas. No importa cuánto lo provoque, siempre es mejor
responder con calma. El respeto y el auto-control que usted demuestre al
hablar con su hijo algún día rendirá fruto en sus relaciones y conversaciones
con otras personas.
La manera en que se dicen las cosas es casi tan importante como lo que
usted dice. "Deja de picarte la cara" puede hacer llorar a un
adolescente. "Tu cuarto parece una pocilga," no es tan práctico
como decir, "Necesitas darte el tiempo para recoger un poco tu cuarto.
Se te hará más fácil si dedicas 5 minutos ahora recogiendo la ropa del
piso—poniendo la sucia en el cesto y colgando la limpia. Después del almuerzo
puedes reorganizar tu librero por otros 5 minutos." Los jovencitos
prestan mucha atención al tono de voz que usted utiliza con ellos. Un niño de
10 años de edad fácilmente discierne entre una voz calmada y una voz llena de
coraje.
La amabilidad va mano a mano con el respeto.
Como lo explica Joan Lipsitz, una experta nacional sobre la educación de los
alumnos de secundaria y madre de dos hijos adultos, "Cuando yo era una
madre activa y maestra, yo seguía una regla que se desarrolló de mi experiencia
en el aula: 'Si nunca soy intencionalmente cruel contigo, tu no serás
intencionalmente cruel conmigo.' Esa regla resultó ser la regla más poderosa
que jamás fijé, ya sea dentro del salón de clase—donde cambió la cultura—o en
casa."
Comunicarse con respeto también requiere
evitar ser condescendientes con los jóvenes. Ellos están adquiriendo mayor
conciencia social y conocimiento del mundo y sus acontecimientos, y aprecian
la conversación atenta. Jerri Foley, una consejera escolar de Carolina del
Sur, relata una historia sobre un viaje de estudios que realizó con un grupo
de jovencitas mientras en el estado se debatía si era apropiado seguir
ondulando la bandera confederada desde el capitolio estatal. "Íbamos
sobre la carretera cuando comenzó una gran discusión sobre el tema,"
recuerda ella. "Nuestra conversación llegó a tal intensidad que se nos
pasó la salida a casa."
La independencia
Cómo ayudar a su hijo con
la temprana adolescencia
¿Cuánta
libertad le debo dar?
Cuando los niños entran en la adolescencia
ruegan que sus padres les den mayor libertad. En cambio los padres tienen que
balancear entre su deseo de fomentar mayor confianza en sí mismos, mayor
capacidad por valerse por sí mismos y el conocimiento de que el mundo puede
ser un lugar muy peligroso y amenazante para la salud y la seguridad de los
niños.
Algunos padres les dan demasiada libertad en
ciertas cosas indebidas, o les dan demasiados privilegios antes de que los
adolescentes estén adecuadamente preparados para ellos. Otros padres pecan por
mantener un control demasiado rígido con los hijos, negándoles las
oportunidades que necesitan para madurar y aprender a tomar decisiones por sí
mismos, y aceptar las consecuencias de las mismas.
Los estudios científicos nos indican que los
adolescentes se desarrollan mejor cuando mantienen un enlace fuerte con sus
padres pero al mismo tiempo se les permite tener sus propios puntos de vista
e inclusive estar en desacuerdo con ellos. Aquí les damos algunos consejos
para poder balancear entre la cercanía y la independencia:
·Fije límites. Todos los niños se resisten a los límites que se les imponen,
pero a la misma vez los desean y los necesitan. En un mundo que cada día es
más agitado para los adultos y los jóvenes, los límites ofrecen un sentido de
seguridad. Frecuentemente, los adolescentes se sienten mal queridos si sus
padres no les imponen límites. Los límites son más fáciles de fijar cuando se
comienza cuando los niños son pequeños. Es más difícil, pero no imposible,
fijar límites durante los primeros años de la adolescencia.
·Hable
claramente. La mayoría de los
adolescentes responden mejor a las instrucciones específicas que se repiten
regularmente. Como señala la maestra de secundaria Sharon Sikora, "No
diga solamente, 'Quiero que limpies tu cuarto' porque a veces no saben bien
qué significa este pedido. Diga mejor, sin buscar argumentos, 'Así es como yo
defino un cuarto limpio.' Ellos pueden responder, 'No me gusta la lámpara en
aquel rincón, la quiero aquí.' Hay que darles suficiente libertad para que se
expresen".
·Dele opciones
razonables. Cuando existen varias
opciones los adolescentes están más dispuestos a aceptar consejos. Por
ejemplo, usted le puede recordar a su hijo que tiene que acabar su tarea de
álgebra antes de irse a la cama, pero le puede dar a escoger si prefiere
hacer la tarea antes o después de la cena. O le puede decir a su jovencita de
14 años que no puede andar con sus amigas en la sala de juegos electrónicos
un sábado de noche, pero que puede invitar a un grupo de amigas a su casa a ver
películas.
Si usted utiliza el buen
humor y la creatividad al ofrecer varias opciones, será más fácil que su hijo
las acepte. Una maestra no podía conseguir que su hija colgara su ropa limpia
o depositara la ropa sucia en su cesto. Así que le dio dos opciones—o toda la
ropa se tenía que levantar o toda la ropa se quedaría en el piso. "Por
un rato estuve lavando la ropa y dejándola en montones en el piso,"
recuerda la maestra. "Me volvió loca pero al fin funcionó." Después
de dos semanas su hija se cansó de buscar su ropa en el piso y comenzó a
recoger su ropa.
·Otorgue la
independencia en etapas.
Según vaya incrementando la madurez y la responsabilidad de un adolescente,
usted puede darle mayores privilegios. Quizás al principio le dé la
oportunidad de escoger sus zapatos, siempre y cuando no cuesten más de una
cierta cantidad. Más tarde le puede permitir que haga sus propias compras—con
el acuerdo que no le quitará las etiquetas a la ropa hasta que usted apruebe
su selección. Eventualmente le puede dar una cantidad fija de dinero para que
se compre la ropa a su gusto.
Él necesita saber que el amor que usted le tiene exige que
usted prohíba ciertas actividades u opciones que amenacen su salud o su
seguridad.
·La salud y
seguridad son primero. La
mayor responsabilidad como padres es proteger la salud y la seguridad de su
hijo. Él necesita saber que el amor que usted le tiene exige que usted
prohíba ciertas actividades u opciones que amenacen su salud o su seguridad.
Hágale saber claramente cuáles son las cosas que usted define como amenazas a
su salud y seguridad—y la de otros—y no permita ni excusas ni excepciones. A
veces resulta difícil imponer estos límites porque los adolescentes suelen
sentir que nada los puede lastimar. Los adolescentes sienten que todo lo que
están viviendo es nuevo y único, pero al mismo tiempo creen que lo que les ha
sucedido a otros no les puede suceder a ellos. Sus creencias se basan en el
hecho de que la adolescencia es la etapa más saludable de la vida. Durante
esta etapa, las enfermedades serias no son comunes y las enfermedades
mortales son extremadamente raras. Lo que hay que enfatizar es que, a pesar
de que ellos gocen de un estado de salud admirable, la violencia y los accidentes
son causas mayores de muerte y lesiones graves entre los adolescentes.
·Rehúse aceptar
opciones que limiten el futuro. No
vale la pena pelear por todo. Aunque quizás ofenda su sentido estético el que
su hijo prefiera ponerse una camisa que no va con sus pantalones, esta no es
una opción que le limitará en su futuro. Aunque los adolescentes van
adquiriendo mayor conciencia sobre el futuro, todavía carecen de las
experiencias necesarias para comprender a fondo cómo una decisión que toman
hoy les pueda afectar en el futuro. Aunque hayan escuchado decir que el fumar
es dañino para la salud, quizás no comprendan lo que significa morirse de
cáncer del pulmón a la edad de 45 años. Hablen con sus hijos sobre las
consecuencias de las decisiones que toman. Ayúdenlos a entender que existen
buenas y malas decisiones y que saber la diferencia entre la una y la otra
puede hacer la diferencia en sus vidas. Hágale entender a su hijo que usted
es el "guardián de las opciones" hasta que él sea lo suficientemente
maduro y responsable para tomar el cargo: Quizás así evite que falte a la
escuela o que deje de tomar las clases difíciles que lo prepararán mejor para
los estudios universitarios.
Ayúdenlos a entender que existen buenas y malas decisiones y
que saber la diferencia entre la una y la otra puede hacer la diferencia
en sus vidas.
·Guíelo, pero
resista la tentación por controlarlo. En la sección anterior hablamos sobre la importancia de adoptar
una actitud balanceada entre imponer reglas duras y darles demasiada
libertad. Con la mayoría de los adolescentes, la manera más fácil de alcanzar
este balance es al guiarlos sin controlarlos. Los adolescentes necesitan
oportunidades para explorar distintos roles, probar nuevas personalidades y
experimentar. Lo cual implica que cometerán errores y deberán aprender a
aceptar los resultados. Pero los padres necesitan guiarlos para que los
jovencitos eviten cometer demasiados errores.
Usted puede ser un buen
guía al escuchar cuidadosamente y hacer preguntas que ayuden a que su hijo
reflexione sobre las consecuencias de sus acciones: "¿Qué sucedería si
permites que un amigo borracho te traiga a casa?" Sus consejos serán más
aceptados y apreciados si usted también le pide consejos y los sigue, siempre
y cuando sean razonables: "¿Qué cocinamos para la fiesta de cumpleaños
de papá?" "No tengo que trabajar el sábado. ¿Hay algo especial que
quieres que hagamos?"
La línea divisoria entre
guiar y controlar puede ser distinta para cada persona. Algunos niños, ya sea
que tengan 7 o 17 años de edad, necesitan mayor firmeza y menos privilegios
que otros niños de la misma edad. Una maestra nos explica cómo las
diferencias en el comportamiento de sus dos adolescentes crearon la necesidad
de definir los límites para cada uno: "Mi hija entendió muy bien que si
se suponía que llegara a las doce de la noche, esto significaba que debía
estar tras puertas cerradas antes de las 12, o ya debería haber llamado de la
sala de urgencia para informarles que se había partido una pierna. Mi hijo,
15 meses menor que ella, pensaba que la misma regla significaba que la hora
de llegada de las 12 significaba que a las 11:59 nos llamaría para
informarnos que llegaría después de comerse la pizza que él y sus amigos acababan
de pedir y después de haber dejado a seis de sus amigos en sus casas."
·Permita que
cometan errores. Todos queremos
que nuestros hijos lleguen a ser adultos que puedan resolver sus problemas y
tomen buenas decisiones. Estas habilidades son parte íntegra de la
independencia. Sin embargo, para desarrollar estas habilidades, los
adolescentes quizás necesiten fracasar un poco, siempre y cuando los riesgos
no sean demasiado serios y ni la salud ni la seguridad peligren. Cometer
errores también les enseña una destreza muy importante—cómo recobrarse de un
mal paso. Es muy difícil que un jovencito aprenda cómo levantarse por sí
mismo y comenzar de nuevo si sus padres siempre lo rescatan de las
dificultades de la vida.
·Asegúrese que
las acciones traigan consecuencias. Si usted le dice a su hijo que debe llegar a casa a las 10 de
la noche, no ignore su llegada a casa a las doce. Usted pierde su
credibilidad con su hijo si no le hace sufrir las consecuencias por haber
llegado dos horas tarde. Sin embargo, el castigo debe ser proporcional a la
ofensa. Un castigo de seis semanas interfiere con los planes de toda la
familia. Mejor hable con él sobre cómo su tardanza le ha afectado a usted. No
ha podido descansar por esperarlo. Pero usted todavía se tiene que levantar a
la hora regular en la mañana, preparar el desayuno, hacer los deberes de la
casa e ir al trabajo. Pero la falta de consideración de su hijo le ha causado
varios inconvenientes, así que él tendrá que hacerse responsable por algunos
de sus deberes para que usted pueda irse a la cama temprano mañana.
Su adolescente quizás quiera teñirse el cabello de morado, o
se hace perforaciones en todo el cuerpo, pero estas expresiones pueden no
estar relacionadas con quien él es y quién llegará a ser.
·Finalmente y a pesar de
todo lo que se escucha o se lee, los adolescentes confían en sus padres más
que ninguna otra persona para guiar la formación de sus vidas. En lo que a la
moral y la ética concierne, creencias políticas y religiosas, los
adolescentes casi siempre tienen más en común con sus padres que lo que ellos
se dan cuenta. Como padre de familia, busque más allá de lo superficial, más
profundamente que lo que el comportamiento sugiere para descubrir la persona
que su adolescente está a punto de llegar a ser. Su adolescente quizás quiera
teñirse el cabello de morado, o se hace perforaciones en todo el cuerpo, pero
estas expresiones pueden no estar relacionadas con quien él es y quién
llegará a ser. Pero a la misma vez que muchos de los comportamientos de su
adolescente no son de mayor consecuencia, algunos no sólo pueden ser dañinos
si no mortales.
·Los padres necesitan
hablar con sus hijos y aclararles que muchas de las amenazas a su salud y
felicidad en el futuro no por casualidad suceden, si no porque así lo
escogieron—decisiones como beber alcohol y manejar, fumar, coger las drogas,
entrar en la actividad sexual, y dejar el colegio.
·Las investigaciones
indican que los adolescentes que ejercen un comportamiento riesgoso tienen
mas probabilidad de ejercer otros, entonces los padres deben ser directos y
francos y hablar a sus hijos sobre las consecuencias mortales que conlleva
abrir esa caja de Pandora.
La confianza en sí
mismos
Cómo ayudar a su hijo con
la temprana adolescencia
¿Cómo puedo ayudar a mi hijo a tener mayor confianza en sí
mismo?
Los adolescentes suelen sentirse inadecuados.
Tienen nuevos cuerpos y mentes en desarrollo y relaciones con amigos y
familiares que van cambiando. Entienden por primera vez que no siempre hacen
todo bien. Los cambios en sus vidas a veces llegan más rápido que la
capacidad para adaptarse a ellos.
La falta de autoestima generalmente se agudiza
durante los primeros años de la adolescencia, luego mejora un poco durante
los siguientes años a medida que las nuevas identidades se fortalecen y
enfocan. A cualquier edad la falta de confianza en sí mismo puede ser un
problema serio. Los adolescentes que carecen de autoestima pueden ser
solitarios, torpes en su trato con otras personas y muy sensibles a las
críticas sobre lo que ellos piensan son sus insuficiencias. Los jovencitos
con poca confianza en sí mismos son menos aptos a participar en actividades
con sus compañeros y a formar amistades con ellos. Esto los aísla todavía más
e impide que desarrollen una mejor imagen de sí mismos. Y cuando entablan
amistades, son más vulnerables a la presión negativa de los amigos.
Algunos adolescentes que no tienen confianza
en sí mismos dejan de participar en clase. Otros actúan escandalosamente para
llamar la atención. En su peor manifestación, la falta de confianza en sí
mismos se relaciona con comportamientos autodestructivos y malos hábitos—como
fumar, beber alcohol y tomar drogas.
Las jovencitas suelen dudar de sí mismas más
que los varones (aunque siempre hay excepciones). Esto se debe a varias
razones:
La
sociedad les da el mensaje que lo importante es que ellas se lleven bien
con todos y que sean muy pero muy delgadas y bonitas. La vida puede ser
igualmente dura para un jovencito que cree que tiene que cumplir con las
expectativas de la sociedad que le dicen que todos los varones deber ser
buenos atletas y deben desempeñar bien las actividades físicas.
Las
jovencitas maduran físicamente dos años más temprano que los varones, lo
cual exige que ellas enfrenten asuntos como su apariencia, su
popularidad y su sexualidad antes de poseer la madurez emocional para
hacerlo.
Las
jovencitas reciben mensajes confusos sobre la importancia del
rendimiento académico. Aunque se les dice que deben fijar metas
académicas altas para sí mismas, muchas de ellas temen que a los varones
les va a desagradar si ellas parecen ser demasiado inteligentes o
capaces, especialmente en las matemáticas, las ciencias y la tecnología.
Si su adolescente sufre por causa de una
crisis de confianza en sí mismo por mucho tiempo, es probable que se
beneficie al visitar a un consejero u otro profesional. Esto es
particularmente cierto si existe un problema con drogas o alcohol, algún
problema de aprendizaje, algún desorden alimenticio como la bulimia o la
anorexia, o depresión clínica. La mayoría de los adolescentes superarán los
periodos de inestabilidad con el paso del tiempo y con su apoyo.
Hay ciertas cosas que el adolescente sentirá mayor confianza
en su capacidad de hacer un buen papel que en otras.
La mayoría de los sicólogos sienten que la
autoestima y la confianza en sí mismo representan una variedad de
sentimientos que un jovencito tiene sobre sí mismo bajo circunstancias
diversas. La sicóloga Susan Harter ha desarrollado una teoría sobre la
autoestima que considera la confianza que un adolescente siente sobre algún
tipo de actividad y qué tan importante es este tipo de actividad para él. Por
ejemplo, los adolescentes pueden reflexionar sobre varias situaciones:
competir en el equipo de atletismo, estudiar matemáticas, entablar relaciones
románticas, cuidar a sus hermanos menores, y demás. Hay ciertas cosas que el
adolescente sentirá mayor confianza en su capacidad de hacer un buen papel
que en otras. Quizás se siente muy bien acerca de su atletismo y su
conocimiento de las matemáticas, pero se siente mal en lo que a su vida
romántica concierne. Quizás también duda que es un buen hermano. Qué tan bien
se sentirá este joven dependerá de qué tan importantes son cada uno de estos
aspectos de su vida. Si tener novio o novia es lo que más importa, esta
persona se sentirá mal. Si lo que más importa es destacar académicamente y en
los deportes, entonces lo más probable es que su auto-concepto será bastante
bueno. Utilizando esta teoría como base, las mejores maneras de ayudar a que
su hijo desarrolle confianza en sí mismo son las siguientes:
·Dele
oportunidades para tener éxito.
Como señala la maestra Diane Crim, "La mejor manera de fomentar la
confianza en sí mismo en alguien es ofreciendóles oportunidades para tener
éxito. Hay que facilitarles el éxito—dándoles experiencias a través de las
cuales puedan ver todo el poder que tienen. Los muchachos pueden
ingeniárselas con estas experiencias. Parte de lo que crea la confianza es el
saber qué hacer cuando uno no sabe qué hacer".
Ayude a su hijo a
fomentar la confianza en sus propias habilidades al alentarlo a tomar una
clase de arte, actuar en una obra de teatro, jugar en un equipo de fútbol o
béisbol, a participar en ferias de ciencias o clubes de computación, o tocar
un instrumento musical—cualquier cosa que disfrute y que le ayude a destacar
sus mejores rasgos. No empuje una actividad específica a la fuerza. La
mayoría de los niños, no importa si tienen 3 o 13 años de edad, resisten los
esfuerzos por obligarlos a hacer cosas que no disfrutan. Si se les empuja a
hacer cosas que ellos no han escogido hacer, lo que resulta es simplemente
frustración. Trate de balancear las experiencias de su hijo entre las
actividades que ya sabe desempeñar bien y actividades nuevas o actividades en
las que todavía no se destaca.
Usted también le puede
ayudar a fomentar la confianza en sí mismo al darle tareas y
responsabilidades familiares en las cuales puede tener éxito—guardando los
trastes, limpiando su cuarto o cortando el césped.
·Ayúdelos a
sentirse seguros y confiar en sí mismos. La capacidad de los jóvenes para confiar en sí mismos proviene
del amor incondicional de sus padres que les ayuda a sentirse seguros
mientras que desarrollan la habilidad para resolver sus propios problemas. Su
hijo, tal como todos los jovencitos, se enfrentará a situaciones que exigirán
que confíe en usted y en otras personas. Pero si siempre se vale de su ayuda
para zafarse de las situaciones difíciles, acabará con un desarrollo
emocional impedido. "Debemos enseñarles a nuestros niños cómo adaptarse
a los problemas que se les presentan, en vez de siempre abrirles el
paso," dice la maestra Anne Jolly.
Hablen
sobre las ansiedades relacionadas a la violencia escolar y el terrorismo
mundial. Muchos jovencitos han sido
expuestos a imágenes terribles de muere y destrucción en la televisión y
en el Internet. Usted puede ayudar a que su hijo comprenda que aunque
nuestro país ha sufrido horribles golpes de terror, somos un pueblo
fuerte que puede unirse y apoyarse mutualmente en tiempos difíciles.
Además, usted puede:
Crear un ambiente calmado en su hogar y en su propio
comportamiento. Si su familia ha sido directamente afectada por un
ataque terrorista o violencia, quizás esto resulte difícil. Si usted se
siente ansioso, necesita explicarle a su hijo qué está sintiendo y por
qué. Los niños y los jóvenes se dejan guiar por las señales emocionales
que emiten sus seres queridos.
Escuche cuidadosamente a lo que su hijo dice.
Asegúrele que los adultos en el mundo están trabajando para incrementar
la seguridad en las casas y las escuelas.
Ayude a su hijo a discernir entre la ficción y los
hechos. Hablen sobre los hechos y eviten adivinar, exagerar o
reaccionar excesivamente.
Supervise el uso de la televisión, la radio y el
Internet. Evite que su hijo vea demasiadas imágenes violentas, las
cuales pueden aumentar su ansiedad.
Use ejemplos de la historia (por ejemplo Pearl
Harbor o la explosión del trasbordador espacial Challenger) para
explicarle que a veces cosas malas le suceden a los inocentes, pero que
las personas siguen adelante con sus vidas y resuelven situaciones
terribles en sus vidas.
Mantenga las rutinas familiares tan constantes como
sea posible.
·Dele elogios y
aliéntelo. Los elogios significan
mucho para los adolescentes cuando provienen de quienes más quieren y en
quienes se apoyan—sus padres y otros adultos importantes en sus vidas. Al
elogiar a su hijo usted fomenta su confianza en sí mismo. Pero no olvide que
al halagarlo debe ser sincero. Se va a dar cuenta muy fácilmente si no lo es.
·Tenga
paciencia. Como adultos, la mayoría
de las personas han desarrollado la confianza en sí mismos, la cual proviene
de años de experiencia con el éxito, pero también después de varios años de
explorar sus puntos fuertes y débiles al enfatizar diferentes aspectos de sus
vidas. La mayoría de nosotros seríamos muy infelices si tuviéramos que hacer
solo aquellas cosas que hacemos mal. Como adultos tendemos a encontrar
nuestros puntos fuertes y—tanto como nos es posible—enfatizamos estas áreas
más que las otras. Para un adolescente es muy difícil minimizar las áreas en
las que no se siente seguro. Por ejemplo, es muy difícil hasta para un
adolescente que se destaca bien académicamente enfocarse en la escuela en vez
de encontrar pareja si todos sus amigos tienen novias y le hablan
constantemente acerca de la importancia de tener a alguien especial. Esto
puede ser muy frustrante para los padres. Usted sabe bien que si tiene o no
pareja para salir el próximo sábado no es lo que más importa a largo plazo,
pero también puede ver que en este momento él no lo puede ver así.
Las amistades
Cómo ayudar a su hijo con
la temprana adolescencia
¿Cómo le puedo ayudar a formar buenas amistades y resistir la
presión negativa de otros?
Las amistades suelen tener efectos en varias
áreas de la vida del adolescente—las calificaciones, cómo pasan su tiempo, a
qué clubes pertenecen y cómo se comportan en lugares públicos, como los
centros comerciales. Los jovencitos que tienen dificultades para formar
amistades generalmente tienen un nivel más bajo de autoestima, no se destacan
tan bien en la escuela, a veces no terminan la secundaria, y pueden caer en
la delincuencia además de padecer de una variedad de problemas psicológicos
como adultos.
Los niños de todas las edades necesitan sentir
que encajan en su vida social—que están en su ambiente. Al llegar a la
adolescencia, la necesidad de ser "parte del grupo" es más fuerte
que a ninguna otra edad. Las amistades se estrechan y son más importantes y
le ayudan a determinar quienes son y hacia dónde van. Es más probable que
formen grupos pequeños o piñas, cada uno con su identidad especial (por
ejemplo, los deportistas, los estudiosos, los colegiales y los chiflados)
Muchos padres se preocupan que los amigos de
sus hijos ejerzan demasiada influencia en sus vidas y que su propia
influencia vaya disminuyendo. Los padres se preocupan todavía más si los
amigos de sus hijos los animan a participar en actividades peligrosas o
dañinas.
Los estudios del psicólogo Thomas Berndt y sus
colegas han demostrado que los amigos sí ejercen
mucha influencia sobre las actitudes y comportamiento y que, al pasar el
tiempo los amigos se parecen cada vez más en sus actitudes y en su
comportamiento. Por ejemplo, los adolescentes cuyos amigos se identifican a
sí mismos como problemáticos en la escuela, tienden a aumentar su propio mal
comportamiento en el trascurso del año escolar.
La influencia de los amigos se siente mucho
más entre los grados de septimo a noveno. Durante esta etapa los amigos
tienen mucha influencia sobre los gustos en la música, la ropa y los peinados,
así como en las actividades en las que quieran participar. Sin embargo, los
amigos no reemplazan a los padres. Usted sigue siendo
quien más influye en la vida de su hijo. Los adolescentes tienden a buscar a
los padres más que a sus amigos cuando se trata de qué planes hacer después
de la secundaria, qué carrera elegir y qué valores religiosos y morales
seguirán. Esta influencia paterna se siente más cuando la relación entre el
padre y el hijo es fuerte.
Aquí les damos algunos consejos para guiarle
mientras ayuda a su hijo a formar buenas amistades:
Los adolescentes tienden a buscar a los padres más que a sus
amigos cuando se trata de qué planes hacer después de la secundaria.
·Reconozca que
la presión entre los amigos puede ser buena o mala. La mayoría de los adolescentes se sienten atraídos a los amigos
con quienes tienen muchas cosas en común. Si su hijo escoge amigos
desinteresados en la escuela o que sacan malas notas, quizás esté menos
dispuesto a estudiar o a hacer su tarea. Si escoge amigos que disfrutan del
aprendizaje y sacan buenas notas, su motivación por destacarse académicamente
será más fuerte. Los amigos que evitan el uso del alcohol o las drogas serán
una buena influencia para su hijo.
·Conozca a los
amigos de su hijo. Una buena
manera para descubrir cómo son los amigos es llevarlos en carro a los
eventos—hablar con ellos en el carro le puede dar mucha información. Usted
puede invitarlos a su casa. Ayude a crear un ambiente cómodo y ofrézcales
algo de comer. Cuando los amigos vienen a visitar a su hijo usted puede
permitirle fijar las reglas de conducta y al mismo tiempo darle la
oportunidad de entender mejor de qué hablan y cuáles son sus preocupaciones.
·Conozca a los
padres de los amigos de su hijo. No
es necesario que sean amigos íntimos, pero sí ayuda saber si las actitudes y
preferencias como padres son compatibles con las suyas. La ex directora
Carole Kennedy explica que, "Aunque el amigo parezca ser buen tipo,
usted necesita saber si un adulto estará presente en la otra casa para
supervisar". Si usted conoce a los padres de los amigos será más fácil
descubrir lo que necesita saber: a dónde van, con quienes van, a qué horas
comienza y termina la actividad, si habrá un adulto presente y cómo se
transportaran al evento y a casa.
Al pasar el rato con los amigos, quizás su hijo pueda superar
ciertos comportamientos que incomodan a otras personas.
·Dele tiempo
libre a su hijo en un lugar seguro para pasar el rato con los amigos. Las actividades son importantes, pero demasiadas clases de
piano y prácticas de baloncesto pueden resultar en el agotamiento. Su hijo
puede desarrollar nuevas destrezas sociales y compartir ideas con sus amigos
si usted le permite tiempo libre para pasar el rato con sus amigos en un
lugar seguro y supervisado por adultos. Por ejemplo, entre amigos su hijo
puede aprender que los buenos amigos saben escuchar cuidadosamente, que se
prestan para ayudar y son seguros de sí mismos (pero no demasiado), que
demuestran su entusiasmo, que tienen un buen sentido del humor y respetan a
otras personas. Al pasar el rato con los amigos, quizás su hijo pueda superar
ciertos comportamientos que incomodan a otras personas: porque es demasiado
serio o apático, demasiado criticón o terco.
·Hable con su
hijo sobre los amigos, sobre la amistad y sobre cómo elegir buenas opciones. Es muy normal que los adolescentes le dan mucha importancia a
lo que otras personas piensan de ellos. Por lo cual es sumamente importante
que usted hable con su muchacho sobre cómo resistir la presión por
desobedecer las reglas o comprometer las normas y los valores que se le han
inculcado. Ustedes pueden hablar sobre cómo ser un buen amigo y cómo las
amistades se fortalecen o disminuyen. Pueden también hablar sobre la
importancia de tomar buenas decisiones cuando se anda entre amigos. "Yo
siempre les recuerdo, 'si les parece mal, lo más probable es que lo
sea,'" explica la maestra Barbara Braithwaite. El maestro Charles
Summers le dice a sus alumnos y a sus propios hijos, "Necesitas examinar
quién eres tú cuando estás con ese amigo." También sugiere que se
pregunten: "¿Cómo quiero que otras personas me describan?" Las
respuestas que los niños den les puede guiar para tomar mejores decisiones.
·Enséñele cómo
salirse de las malas situaciones.
Hable con su hijo sobre las situaciones peligrosas o impropias que pueden
surgir y cómo enfrentarlas. Pregúntele a su hija de 14 años qué haría si una
amiguita llegara a una velada con una botella de vino en su bolsa. Pregúntele
a su hijo de 12 años qué haría si un amigo le sugiriera que se salieran de la
escuela para comprar hamburguesas.
Idealmente, los jóvenes
podrán decir "no" a una situación peligrosa o destructiva. Pero si
todavía no han aprendido esta destreza por su cuenta, la Sra. Marianne
Cavanaugh, madre de familia de Connecticut sugiere una alternativa: "A
veces los hijos no quieren hacer lo que los amigos quieren que hagan. Yo les
digo a mis hijos que me culpen a mí—que les digan a sus amigos que su mamá
dice que 'no.' A veces esto les quita algo de presión." Finalmente,
ningún jovencito deberá salir de casa sin cambio para el teléfono. Como
último recurso, este cambio pudiera salvarle la vida. Un teléfono móvil también
puede ser apropiado si las finanzas familiares lo permiten y si el jovencito
sabe cómo utilizar el teléfono responsablemente.
·Supervise las
amistades para ayudarle a su hijo a evadir comportamientos riesgosos o
malsanos. Los adolescentes
necesitan supervisión, especialmente durante las horas después de escuela que
son tan importantes. Manténgase alerta sobre quienes son los amigos de su
hijo y qué hacen cuando se juntan. Bill Gangl, un maestro de secundaria de
Minnesota, sugiere, "No tenga temor de ser el padre molestoso que llama
a la otra casa sólo para asegurarse que su hijo esté allí. Y no tema a decir
que no".
Muchos maestros de
secundaria y padres con hijos en esa edad tienen diversas opiniones sobre las
consecuencias de intentar prohibir que los adolescentes se junten con amigos
que sus padres piensan que no les convienen. Algunos jovencitos se rebelan si
se les prohíbe pasar el rato con ciertos amigos. Muchos adultos que trabajan
con adolescentes sugieren mejor aclararle al muchacho no sólo el hecho de que
usted no se siente cómodo con su selección de amigos, sino también sus
razones. También sugieren que usted limite la cantidad de tiempo y las
actividades que usted le permita realizar con esos amigos.
Muchos adultos que trabajan con adolescentes sugieren mejor
aclararle al muchacho no sólo el hecho de que usted no se siente cómodo
con su selección de amigos, sino también sus razones.
·Dé un buen
ejemplo como amigo. El ejemplo que
usted ofrezca tiene un mayor impacto que cualquier sermón que le puede dar.
Los jovencitos que ven a sus padres tratarse con respeto y amabilidad entre
sí y hacia sus amigos definitivamente tienen una gran ventaja. Hornear
galletitas para los nuevos vecinos o escuchar con simpatía cuando un amigo se
siente triste puede ser un mensaje muy poderoso para su hijo.
Los medios de
comunicación
Cómo ayudar a su hijo con
la temprana adolescencia
¿Qué
puedo hacer para que los medios no tengan una influencia negativa en mi hijo?
Es difícil comprender el mundo del adolescente
sin considerar el gran impacto que los medios de comunicación hacen en su
vida. Los medios compiten con las familias, los amigos, las escuelas y las
comunidades en su capacidad para moldear los intereses, actitudes y valores
de los adolescentes.
Los medios de comunicación masiva están
presentes constantemente en sus vidas. La mayoría de los adolescentes ven
televisión y películas, utilizan el Internet, intercambian correos
electrónicos, escuchan discos y emisoras de radio que van dirigidas
específicamente a ellos con música y anuncios comerciales, y leen artículos y
anuncios en las revistas para adolescentes.
Primeramente hay que ver el lado bueno. Las
nuevas tecnologías de la comunicación pueden ser muy divertidas y
emocionantes. Utilizadas sabiamente, también pueden educar. Los buenos
programas de televisión pueden informar, la buena música puede dar aliento, y
las buenas películas pueden ampliar los intereses y abrir nuevos horizontes.
Además hay muchos tipos de medios que se utilizan dentro del aula de
clases—computadoras, televisión por cable, y video caseteras que ya son parte
íntegra de la enseñanza. De hecho, en los últimos años se ha visto un afán
por conectar a todos los salones de clase al Internet y por proveer un número
mínimo de computadoras en cada aula para uso de los estudiantes. Como
resultado los niños deben exponerse a los medios de comunicación, como mínimo
para saber cómo utilizarlos.
El problema reside en que los adolescentes
frecuentemente no saben cómo o no pueden distinguir entre lo que es bueno en
los medios y lo que es dañino. Algunos se pasan horas interminables frente al
televisor o enchufados a sus audífonos, alimentándose pasivamente de todo lo
que ven y oyen—violencia, sexo, maldiciones, estereotipos y personajes e
historias totalmente fuera de la realidad. Sabemos por los estudios como el
que dirigieron George Comstock y Erica Sherrar que el ver demasiada violencia
en la televisión parece aumentar los comportamientos agresivos en los niños y
que el exponerse frecuentemente a la violencia hace que ésta sea menos
sorprendente y más fácil de aceptar.
Los alumnos que reportan que ven más
televisión que sus compañeros generalmente sacan peores notas en la escuela y
califican peor en los exámenes estandarizados. "En cualquier discusión
que tengamos en el aula es muy obvio quienes ven más televisión que
otros," explica la maestra Sherry Tipps. "A los alumnos con menos motivación
en el salón de clase, mencióneles algún programa de televisión y de repente
reaccionan."
A medida que los adolescentes maduran, las
horas excesivas de televisión, los juegos electrónicos y el uso de la
computadora resultan en una acumulación de consecuencias negativas. Los niños
americanos se pasan más horas con los medios de comunicación que con su
trabajo escolar. Los alumnos del séptimo grado, por ejemplo, se pasan un
promedio de 135 minutos al día viendo televisión y sólo 57 minutos haciendo
tarea.
Además de los efectos negativos académicos y
sicológicos, también existen malos efectos físicos. Según estudios recientes
del Médico General de los Estados Unidos, el número de adolescentes obesos en
el país ha aumentado dramáticamente en las últimas dos décadas. Estar pasado
de peso puede contribuir a varias enfermedades serias, tales como la
diabetes.
Existen otras influencias negativas en los
medios de comunicación. Por ejemplo, recientemente se ha visto un aumento en
el número de anuncios en las revistas, incluyendo anuncios para productos
nocivos como alcohol y tabaco, que están dirigidos específicamente a los
adolescentes.
Su hijo aprovechará mucho su consejo para
ayudarle a balancear las actividades relacionadas con los medios de
comunicación, con otras actividades tales como leer, hablar con familiares y
compartiendo con sus amigos. Aquí les ofrecemos algunos consejos sobre cómo
ayudar a su hijo a escoger con buen criterio cómo va a utilizar los medios de
comunicación:
·Limite el
tiempo que su hijo ve televisión. Es
imposible proteger a su hijo completamente de los medios. Si usted le prohíbe
completamente la televisión, sólo va a ganar que le parezca más atractiva que
nunca. Sin embargo algunos padres sí prohíben la televisión durante la
semana, con algunas excepciones que han acordado de antemano.
Recuerde que es más fácil
restringir las malas opciones si usted dice no antes de que su hijo traiga a
casa CDs o juegos electrónicos ofensivos o insiste en ver programas de
televisión excesivamente violentos. Hágale saber que usted tiene la intención
de supervisar lo que escoge ver o escuchar.
·Supervise lo
que su hijo ve y escucha. La
ex directora Carole Kennedy aconseja, "No se fije solamente en el
volumen de la música, preste atención a la letra también." Infórmese sobre
los programas de televisión y las películas que le interesan a su hijo, los
juegos electrónicos que quiere jugar y la música que quiere escuchar. Si
usted está bien informado sobre los intereses de su hijo, usted podrá
adentrarse a su mundo con mayor facilidad y podrá hablar con él con mayor
conocimiento y poder. Pregúntele que grupos o cantantes le gusta escuchar.
Lea sobre sus artistas favoritos en las revistas o escuche su música en la
radio o en CD.
Usted también puede ver o
escuchar con su hijo. Así podrá compartir un momento con él y aprenderá más
sobre los programas, juegos y música que le gustan. Hable con él sobre lo que
están viendo y escuchando.
·Sugiérale
programas de televisión que usted quiere que vea. Aliente a su hijo a ver programas de televisión sobre una gran
variedad de temas—la naturaleza, viajes, historia, ciencias, biografía y
noticias, además de los programas creados sólo para entretener. Los programar
noticiosos y de historia por ejemplo, pueden fomentar conversaciones sobre
acontecimientos mundiales, la política nacional y local, los problemas
sociales y asuntos sobre salud.
·Hable con su
hijo sobre la diferencia entre los hechos y las opiniones. Los adolescentes deben aprender que no todo lo que ven y
escuchan es necesariamente cierto. Infórmele que el programa de televisión o
la película que han visto, la estación de radio o la música que le gusta
escuchar, tanto como la revista que lee, poseen un punto de vista en
particular. Hable con él sobre cómo los medios promueven ciertas ideas o
creencias, las cuales probablemente no estén de acuerdo con sus valores
familiares. Si su hijo quiere ver, escuchar, o leer algo que usted cree es
impropio, hágale saber exactamente por qué usted está en desacuerdo.
·Hable con su
hijo sobre los anuncios comerciales engañosos. Los adolescentes son muy susceptibles a los anuncios. Hable con
sus hijos acerca del propósito de los anuncios—vender productos—y sobre cómo
juzgar si los productos anunciados son apropiados para él. Por ejemplo, si su
hija tiene cabello corto, rubio y rizado, pregúntele si de veras piensa que
el shampoo de $15 dólares que quiere que le compren va a resultar en una
cabellera larga, oscura y lisa, como la modelo en la revista.
·Considere la
compra de un "V-chip" para su televisor o un filtro para su
computadora. Un V-chip es un
aparatito que se le pone al televisor para que filtre programas según su
clasificación—X, R, o PG y bloquea el material pornográfico, excesivamente
violento o de alguna manera impropia para los menores. También existen estos
filtros para evitar que su hijo visite ciertos sitios Web en la computadora.
La mayoría de estos filtros son gratuitos o no cuestan mucho.
·Hable con su
hijo sobre los riesgos que toma al entrar en "salas de charla"
electrónicas. Asegúrese que su hijo
entiende bien lo peligroso que es "hablar" electrónicamente con una
persona desconocida. Existe software que impide el uso de estas charlas
cuando hay niños sin impedir que ellos usen la computadora para otros
propósitos.
·Hable con otros
padres. Si usted habla sobre las
películas, los programas de televisión, los juegos electrónicos y CDs con los
padres de los amigos de su hijo, usted tendrá mayor autoridad para decir que
no cuando él quiera ver o escuchar algo inadecuado. Usted puede descubrir muy
rápidamente que no todos los alumnos del séptimo
grado tienen permiso de ver la última película clasificada "R" que
incluye escenas de sangre y extrema violencia.
·Ofrezca
alternativas al entretenimiento con los medios. Según el maestro Bill Gangl, "Si usted les da suficientes
actividades con que entretenerse, la televisión desaparece". Dada la
oportunidad, muchos niños prefieren hacer que sólo ver.
Un día en el campo de golfito o visitando a un amigo puede ser más
interesante que otra noche más frente al televisor.
·Dé un buen
ejemplo. Si un adolescente ve a
sus padres paralizados frente al televisor o revisando su correo electrónico
mientras se apresura a cenar, definitivamente va a captar un mensaje claro.
Los padres que apagan el televisor o la computadora y participan mejor en la
buena conversación, los deportes, juegos u otras actividades están
demostrando con su ejemplo otras opciones de entretenimiento. Un adolescente
contemporáneo quizás se pregunte "¿qué se hacía antes de que hubiera
televisión (o computadoras y juegos electrónicos)?" ¡demuéstreselo!
La secundaria
Cómo ayudar a su hijo con
la temprana adolescencia
¿Cómo es la escuela para los adolescentes?
Lo más probable es que usted cursó la
"secundaria." Probablemente su escuela agrupaba los grados del
siete al nueve y se organizaba como una mini-secundaria. Usted cambiaba de
clase a clase todo el día y tenía un maestro distinto para cada materia.
Durante los últimos 20 años, se han realizado
muchos cambios en la manera que los adolescentes son educados. Y se siguen
haciendo cambios a medida que aprendemos más sobre cómo se desarrollan y
aprenden en esta edad. Hoy son pocos los jovencitos que asisten a una
secundaria como la que describimos al principio de esta sección. La mayoría
asiste a escuelas llamadas "middle schools" o escuelas intermedias.
La mayoría de estas escuelas agrupan a los grados del 6to al 8vo, pero
algunas tienen los grados del 5to al 8vo o del 5to al 7mo, o inclusive sólo
del 7mo al 8vo. A medida que el movimiento pro escuelas intermedias se ha
acelerado, muchas secundarias han cambiado su organización para educar
alumnos no del 10 al 12, sino del grado 9 al grado 12.
Como padre usted se preguntará, "¿Qué
ventajas tiene una estructura sobre otra para mi hijo?" La mayoría de
los educadores creen (y los estudios científicos lo confirman) que la forma
en que una escuela organice los grados no es tan importante como lo que
sucede dentro de la escuela. Es decir, qué se enseña y cómo
se enseña es más importante que las combinaciones de grados que la escuela
escoja. Es más, el número de grados que abarque la escuela no dice mucho
sobre la calidad educativa que allí se ofrece, ni indica si las prácticas de
instrucción son las mejores para los adolescentes que pretende educar.
La mayoría de los adolescentes que ingresan a
una escuela nueva descubren que existe un gran cambio. Han estado
acostumbrados a ser los mayores en su escuela; ahora de nuevo se encuentran
entre los menores. Muchos compañeros son nuevos, así como las rutinas diarias
y el trabajo escolar. Y cuando combinamos estos cambios con los cambios
estresantes que los adolescentes sufren a esta edad, no resultará
sorprendente que esta etapa puede sobrecogerlos y tener un impacto negativo
sobre su motivación y su autoestima.
Por estas razones muchas escuelas secundarias
tienen programas para asistir en la transición. Por ejemplo, a veces invitan
a los alumnos de primaria a visitar la escuela secundaria para que se vayan
familiarizando con el edificio y cómo encontrar sus salones de clase. O a
veces los administradores de las secundarias y las primarias se reúnen para
dialogar sobre los programas que cada escuela ofrece. Los consejeros
escolares quizás se reúnan para dialogar sobre cómo ayudar a los estudiantes
a lograr una transición más fácil. Estas y otras actividades pueden ayudar a
que la escuela sea más accesible.
Aunque existan fluctuaciones en sus niveles
hormonales, los adolescentes de cualquier proveniencia y con una gran
variedad de características todavía pueden absorber grandes cantidades de
información. Y pueden sacar mucho provecho de un plan de estudios
sustancioso. A medida que ellos desarrollan sus destrezas cognoscitivas, son
capaces de completar proyectos cada vez más complicados y más largos y de
explorar temas de mayor profundidad.
Los adolescentes generalmente se benefician al
exponerse a una gran variedad de experiencias y programas—académicos,
recreativos y vocacionales. Estas oportunidades sacan ventaja de la
curiosidad natural de los jovencitos y pueden ser muy valiosas para abrirles
nuevos mundos y nuevas posibilidades. Estos programas de exploración pueden
ser muy divertidos. Por estas razones, algunas escuelas ofrecen oportunidades
dentro y fuera de la escuela para que los alumnos participen en actividades deportivas,
y en programas donde puedan aprender idiomas extranjeros, música, artes
dramáticas, y el uso de la tecnología. Muchas escuelas alientan a los
estudiantes a participar como voluntarios en programas de servicio a la
comunidad. Los programas de exploración pueden ayudar a los adolescentes a
encontrar sus intereses y ayudarles a imaginarse un futuro para sí mismos.
Todavía queda mucho que mejorar en las
escuelas secundarias. Los resultados de los exámenes estandarizados sugieren
que muchos jovencitos todavía carecen de las destrezas necesarias para tener
éxito en la secundaria. En comparaciones internacionales nuestros alumnos no
se están destacando tan bien como quisiéramos en materias como lectura y
matemáticas.
Más educadores y legisladores están
aprendiendo que los adolescentes pueden alcanzar niveles extremadamente
altos. Este conocimiento está causando más cambios en la educación
secundaria: cambios en lo que se enseña, cómo se enseña, cómo se preparan los
maestros, y cómo evaluar lo que los estudiantes deben saber y pueden hacer.
Participación de los
padres
Cómo ayudar a su hijo con
la temprana adolescencia
¿Cuál
es la mejor manera de mantenerme activo en las actividades escolares de mi hijo?
Su hijo adolescente le necesita en su vida
mucho más de lo que está dispuesto a admitir (a sí mismo o a usted)—aunque
quizás quiera que usted esté presente bajo otras condiciones que antes.
Algunos padres malinterpretan las señales que sus hijos les dan y se alejan
demasiado rápido. Por ejemplo, para los niños de nueve años de edad,
aproximadamente el 75 por ciento de los padres reportan un alto nivel o un
nivel moderado de participación en las actividades escolares, pero para los
jovencitos de 14 años, el nivel de participación de los padres se ha reducido
al 55 por ciento. Y en los años de la secundaria, el nivel se reduce aún más.
Los estudios científicos demuestran que los
adolescentes se desarrollan mejor en la escuela cuando sus padres participan
en sus vidas y que la educación funciona mejor cuando los maestros y los
padres trabajan juntos. Aquí les damos algunos consejos para seguir
participando en la vida escolar de su hijo:
·Fije las reglas
para su hijo al principio del año escolar. Desde el primer día de clases, asegúrese que su hijo sabe a qué
hora usted espera que se vaya a la cama y a qué horas se debe levantar, qué
necesita para prepararse para la escuela cada mañana y cuánto tiempo necesita
para llegar a la escuela. Asegúrese que él sepa bien a qué horas se le espera
durante la semana y en los fines de semana. Asegúrese también que su hijo
entienda que usted anticipa que él va a poner su mejor esfuerzo por hacer lo
mejor que pueda en la escuela.
·Infórmese sobre
la escuela de su hijo.
Entre más sepa, más fácil será ser padre. Pida un manual escolar. Este
folleto lo sacará de muchas dudas durante el año escolar. Si su escuela no
tiene un manual, haga preguntas. Pregúntele a los maestros o al director:
¿Qué clases se ofrecen aquí? ¿Cuáles clases son requisitos básicos? ¿Cuáles
son sus expectativas para mi hijo? ¿Cómo miden el progreso de los
estudiantes? ¿Cuáles son las normas y los reglamentos de esta escuela?
·Infórmese
cuáles son los reglamentos escolares sobre la tarea. Es muy importante que usted esté informado sobre los
reglamentos escolares que tratan con la tarea, puesto que en el nivel
secundario, la tarea es mucho más importante para determinar las
calificaciones y resultados de los exámenes que en la primaria. Investigue
con los maestros con qué frecuencia encargan tarea y más o menos cuánto se
debe tardar su hijo para terminarla. Nunca haga la
tarea por su hijo. Sin embargo, asegúrese que él se esfuerce por completar su
tarea.
·Ayude a su hijo
a organizarse. Muchos adolescentes se
distraen muy fácilmente. Con tanto que hacer y pensar, no nos debe
sorprender. La cantidad de tarea y las actividades extraescolares aumentan al
mismo tiempo que ellos están cambiando físicamente, están desarrollando
nuevas relaciones y están tratando de independizarse más. Los jovencitos
responden a estos cambios de varias maneras, pero muchos de ellos se pierden
fantaseando, se vuelven olvidadizos, pierden las cosas y parecen no fijarse
cómo corre el tiempo. No es raro que un alumno de secundaria termine una
tarea pero se le olvide entregarla.
Algunas escuelas ayudan a
sus alumnos a desarrollar destrezas de organización. Otros esperan que usted
se las enseñe. No importa el caso, usted puede:
Repasar el horario con su hijo para asegurar que no
se haya sobreprogramado. Hablen sobre cómo fijar prioridades y dejar
ciertas actividades si es necesario, o arreglar el horario para que
encajen mejor.
Ayúdele a desarrollar buenos hábitos de estudio.
Fijen una hora específica para hacer la tarea. Hablen sobre la tarea.
Asegúrese que entiende lo que se espera que haga. Asegúrese que tenga
un calendario para anotar su tarea, y una mochila con carpetas para
acomodar la tarea sin que se le pierda.
Ayude a su hijo a comenzar sus trabajos de
investigación y otros proyectos mayores llevándolo a la biblioteca o
ayudándole a localizar fuentes de información en sitios Web que sean
adecuados.
Ayude a su hijo a evitar las prisas de último
momento al seguir un horario que le permita una buena preparación de
antemano para los exámenes y otras pruebas.
Trabaje con su hijo para mantener su mochila bien
organizada y su cuarto limpio.
Demuéstrele que las destrezas que está aprendiendo hoy son
parte íntegra de lo que tendrá que hacer como adulto.
·Mantenga un
ambiente en casa que fomente el aprendizaje y las actividades escolares. Aparte el tiempo necesario sin distracciones ni ruidos de
televisión para hacer la tarea. Si vive en una casa muy pequeña o muy
ruidosa, pida que todos los miembros de la familia tomen parte en alguna
actividad silenciosa durante la hora de hacer tarea. Quizás sea necesario
sacar a un niño pequeño a jugar en el patio o a otro cuarto.. Si es imposible
evitar las distracciones, quizás sea bueno llevar a su hijo a la biblioteca
local para que haga su tarea en paz.
Asegúrese que su hijo
sepa que usted valora la educación. Demuéstrele que las destrezas que está
aprendiendo hoy son parte íntegra de lo que tendrá que hacer como adulto.
Permita que le vea leyendo libros, periódicos y utilizando la computadora;
preparando informes, cartas, correos electrónicos o listas; utilizando las
matemáticas para ajustar las cuentas o midiendo la nueva alfombra; y haciendo
cosas que exigen razonamiento y esfuerzo. Hable con su hijo sobre lo que
usted hace en el trabajo.
·Asista a los
eventos escolares. Asista a los
eventos deportivos, conciertos, reuniones de inicio de año, reuniones de
padres y maestros (PTA) y ceremonias de premiación, como los desayunos para
celebrar la "asistencia perfecta." Recuerde que muchos adolescentes
se sienten incómodos y quieren que sus padres estén presentes pero de lejos.
"Ellos quieren que usted esté presente, pero un poco alejados,"
explica el maestro Bill Gangl. "Quieren saber que los pueden ver de
ladito. En el campo de atletismo, quieren saber que alguien los está viendo
desde las gradas." Busque actividades escolares que pueda compartir con
su hijo—participando en el día de limpieza del plantel, por ejemplo.
·Participe como
voluntario en la escuela. Si
su horario se lo permite, busque maneras de ayudar en la escuela de su hijo.
Las escuelas frecuentemente mandan listas de actividades en las que los
padres pueden participar. Siempre se necesitan supervisores para los viajes
escolares y los bailes. Los comités escolares suelen pedir nuevos miembros y
el periódico de la escuela quizás necesite un redactor. Las escuelas
generalmente tienen comités que necesitan representantes de los padres. Si su
trabajo u otros compromisos le impiden ser voluntario en la escuela, busque
maneras de ayudar desde la casa. Por ejemplo, usted puede hacer llamadas a
otros padres para informarles sobre alguna actividad escolar o puede ayudar a
traducir los materiales que la escuela manda a los hogares de los alumnos.
·Manténgase en
contacto con la escuela y los maestros de su hijo. A veces es difícil mantener el contacto con los maestros de su
hijo si tiene varios, pero por lo menos llegue a conocer al consejero escolar
y al maestro favorito de su hijo. Entre más visible sea usted, más fácil y
frecuente será la comunicación con los educadores. No deje de asistir a las
reuniones de padres y maestros. Lea las notas y anuncios que lleguen a la
casa.
·Asegúrese que
su hijo tome las clases necesarias para ingresar a la universidad. No es demasiado temprano comenzar a planificar el futuro
universitario de su hijo mientras esté en la secundaria. Una carrera de dos o
cuatro años de estudios universitarios es cada día más importante para obtener
un buen empleo. Las universidades están buscando alumnos y las empresas
necesitan trabajadores que hayan tomado ciertos cursos y que tengan una base
sólida de conocimientos y destrezas. Los cursos que son importantes para los
alumnos que van a obtener una carrera universitaria incluyen inglés, ciencias
(biología, química, ciencias naturales y física), historia o geografía, y
álgebra y geometría. Muchas universidades también exigen que sus alumnos
hayan cursado por lo menos dos años de un idioma extranjero, y varios piden
tres o cuatro años de instrucción en un solo idioma. Las destrezas de
computación básicas también son esenciales y muchas universidades aprecian la
participación en las artes y la música.
Entre más visible sea usted, más fácil y frecuente será la
comunicación con los educadores.
·Supervise el
progreso de su hijo en la escuela. Los informes y las notas son una indicación de cómo se está
desempeñando su hijo en la escuela. Pero también es importante que usted sepa
qué sucede entre cada informe. Por ejemplo, si su hijo está teniendo
dificultades con las matemáticas, pregunte cuándo le toca el próximo examen
de matemáticas y cuando se lo van a regresar calificado. Así usted podrá enfrentar
el problema antes de que se convierta en un problema serio. Llame o mande un
correo electrónico al maestro si su hijo no entiende la tarea o si necesita
ayuda extra para terminar la tarea.
La lectura
Cómo ayudar a su hijo con
la temprana adolescencia
¿Qué puedo hacer para que mi hijo tenga éxito en la lectura?
Durante los años en la secundaria los
adolescentes desarrollan los fundamentos de los hábitos de lectura que
perdurarán el resto de sus vidas. Durante esta etapa es que desarrollan sus
propios intereses en la lectura y aprenden a leer varios géneros de
texto—artículos y libros informativos, poesía y obras de teatro, historias y
novelas. Aumentan su vocabulario al leer diversamente y comienzan a utilizar
la lectura para ayudarles a responder a preguntas importantes que ellos
tienen sobre el mundo y sobre sí mismos.
Por otro lado, para muchos adolescentes, los
problemas de lectura se juntan con otros problemas sociales y emocionales.
Es importante que usted mantenga a su hijo
leyendo durante toda su adolescencia en casa y en la escuela. Aquí les damos
algunas sugerencias útiles:
·Asegúrese que
en casa haya bastantes materiales adecuados para que su hijo lea. Los materiales no tienen que ser nuevos o caros. Usted puede
encontrar buenos libros y revistas para su hijo en las ventas del vecindario
o cuando su biblioteca local haga venta de libros. Pida que sus familiares y
amigos le regalen libros y subscripciones a buenas revistas en el cumpleaños
de su hijo o en algunas otras ocasiones especiales. Aparte el tiempo
necesario para leer en familia. Algunas familias disfrutan de la lectura en
voz alta, turnándose para escoger libros, poesías o artículos favoritos que
quieran compartir.
·Aliente a su
hijo para que use la biblioteca.
Lleve a su hijo a la biblioteca local y ayúdele a obtener su propia
credencial de lector. Pida que la bibliotecaria le ayude a localizar las
diferentes salas de la biblioteca, a utilizar el catálogo electrónico o en
tarjetitas y a encontrar los materiales que le interesan.
·Dé un buen
ejemplo con la lectura.
Permita que su hijo le vea leyendo por placer de la misma maneraque desempeña
sus actividades rutinarias—leyendo cartas y recetas, direcciones e
instrucciones, periódicos, materiales en la computadora y otras fuentes de
lectura. Vaya con él a la biblioteca y pida libros para usted también. Cuando
su hijo ve que la lectura es importante para usted, puede ser que vea que la
lectura es importante para él también.
·Investigue con
los maestros cómo alientan o enseñan la lectura en clase. Dígales que usted valora la lectura y que apoya las tareas que
piden que su hijo lea en casa. Pida listas de libros que su hijo pueda leer
independientemente.
·Busque cómo
ayudar a su hijo si su primer idioma no es el inglés. Cuando su hijo entra a la secundaria, hable con los maestros. A
la mayoría de los maestros les agrada conversar con usted. Si usted siente
que necesita apoyo al reunirse con los maestros, pida que un familiar, un
vecino o alguien en su comunidad lo acompañe. Cuando se reúnan, dígale a los
maestros qué cosas están haciendo en casa para fortalecer la lectura. Los
jovencitos bilingües han logrado algo muy especial. Se les debe alentar y
elogiar para que tengan éxito con esa meta.
Pida también los nombres de las organizaciones comunitarias
o grupos de voluntarios que ofrecen tutoría.
·Busque ayuda si
su hijo tiene problemas de lectura. Cuando un jovencito tiene problemas con la lectura, es probable
que la razón sea sencilla de identificar y la intervención sea fácil. Por
ejemplo, es probable que el alumno tenga problemas de visión y necesite
lentes o es probable que sólo necesite un poco más de apoyo con sus destrezas
de lectura. Si usted piensa que su hijo necesita más ayuda, pregúntele a los
maestros cómo localizar servicios especializados, como programas de verano o
después de la escuela. Pida también los nombres de las organizaciones
comunitarias o grupos de voluntarios que ofrecen tutoría.
Algunas de las causas de
los problemas de lectura indican problemas mayores como los problemas de
aprendizaje. Si usted sospecha que su hijo tiene algún problema físico o de
aprendizaje, es importante que busque la ayuda de los expertos tan pronto
como sea posible. Pida una reunión privada con el consejero escolar, con el
maestro o con el director de la escuela. (Si usted se siente más cómodo con
un acompañante, pida que un amigo, un pariente o alguien en la comunidad vaya
con usted.)
Existe una ley—la ley
sobre la Educación para los Individuos con Discapacidades (IDEA, siglas en
inglés)—que le puede permitir obtener ciertos servicios para su hijo por
parte de su distrito escolar. Su hijo puede tener derecho a recibir
asistencia de un especialista en lectura, de un terapeuta del habla y
lenguaje o algún otro especialista. Usted se puede informar sobre sus
derechos y responsabilidades en relación con la educación especial pidiendo
que la escuela le provea—en su idioma natal—un resumen de sus derechos
legales.
La motivación
Cómo ayudar a su hijo con
la temprana adolescencia
¿Cómo
puedo motivar a mi hijo para que aprenda y se destaque dentro y fuera de la
escuela?
La sicóloga Carol Dweck define la motivación
como "el amor por el aprendizaje, el amor por los desafíos". Y,
según dice ella, la motivación es más importante que la habilidad inicial
para determinar el éxito.
Pero de alguna manera durante los años de
nivel medio la motivación de algunos adolescentes por aprender se desvanece
como por arte de magia. Un muchacho en los primeros años de la adolescencia
puede quejarse por la tarea y de los maestros, pedir que lo dejen abandonar
alguna actividad favorita, quejarse de aburrimiento y mostrar señas de
haberse perdido en el régimen educativo.
Aquí les ofrecemos algunos factores que suelen
contribuir a los bajos niveles de motivación:
La falta de motivación puede amplificarse por la falta de
apoyo en la nueva escuela o por una carga mayor de trabajo escolar.
·Cambios
biológicos. El comienzo de la pubertad—ya
sea el inicio de la menstruación o el medir 4 pies y 2 pulgadas de estatura
cuando tu mejor amigo mide 5 pies y 10 pulgadas—suele distraer a algunos
adolescentes. Las distracciones dificultan la concentración en el equipo de
natación o el proyecto de ciencias sociales que hay que entregar pronto.
·Preocupaciones
emotivas. Se requiere un mayor
esfuerzo para concentrarse en el proyecto de ciencias cuando la preocupación
principal son las inseguridades físicas o el no pertenecer al grupo popular.
·El ambiente
escolar. Un adolescente puede
perder la motivación después de cambiarse de la escuela primaria a la
secundaria. La falta de motivación puede amplificarse por la falta de apoyo
en la nueva escuela o por una carga mayor de trabajo escolar y las nuevas
expectativas a las que el alumno todavía no se ha adaptado.
·Presiones
sociales. Un jovencito puede ser
influenciado por los amiguitos que piensan que el éxito escolar es para
"los estudiosos," o que las jovencitas no se destacan en las
matemáticas.
·Un cambio en la
forma en que su hijo percibe sus capacidades. Los niños más pequeños tienden a creer que entre más se
esfuercen, más inteligentes serán. Pero la Dra. Dweck señala que cuando los
jovencitos entran en la adolescencia, a veces comienzan a creer que la
capacidad intelectual es fija y comparan su capacidad con la de otros—ellos
creen que si tienen que esforzarse mucho, es porque
tienen menos capacidad. Esta perspectiva puede
desalentar la motivación. ¿Para qué esforzarse demasiado si el esfuerzo no les
ayuda a mejorar?
·Falta de
oportunidades. Algunos jovencitos
carecen de oportunidades para tomar las clases o participar en las
actividades que necesitan para fomentar su entusiasmo. Esto suele suceder con
mayor frecuencia entre los alumnos que provienen de familias más pobres o con
menos ventajas, lo cual contribuye a la percepción que les falta motivación.
·Corta duración
de la atención. Algunos
educadores reportan que es muy difícil conseguir que los estudiantes se
enfoquen en un proyecto de historia largo cuando están acostumbrados a
programas de televisión y otras presentaciones que son rápidas, cortas y muy
entretenidas.
·Falta de una
ética de trabajo. Algunos
jovencitos sin motivación quizás todavía no han aprendido que el éxito en la
escuela requiere de tiempo y esfuerzo. Hay muchas cosas que compiten por la
atención de los alumnos, y según las investigaciones, algunos de ellos
esperan que la escuela y sus actividades sean siempre emocionantes. Todavía
no se han dado cuenta que en la escuela y en la vida, pueden aprender
lecciones muy valiosas mediante actividades que no siempre son pura diversión
y que los altos logros académicos generalmente exigen un verdadero esfuerzo.
Usted puede alentar y dar oportunidades a su hijo, pero en última instancia,
su hijo es el responsable por asegurar que su tarea se haga y se entregue a
tiempo, y su hija es la que tiene que practicar el piano por horas.
Aquí les ofrecemos algunas sugerencias para
fomentar la motivación:
·Dé un buen
ejemplo. Los adolescentes se
benefician mucho al ver a sus padres hacer su mejor esfuerzo, cumpliendo con
su trabajo y sus obligaciones. Los padres deben demostrar que valoran el
aprendizaje y el trabajo intenso.
·Dígale a su
hijo que el esfuerzo a largo plazo es la clave del éxito. Enséñele a ponerse metas y a trabajar duro para alcanzarlas.
Ayúdele a comprender el valor de enfrentar los retos y a descubrir como
enfrentar o sobrepasar esos retos.
·Dirija a su
hijo hacia las clases adecuadas y buenas actividades. Los adolescentes necesitan tener oportunidades para destacarse
y ser útiles. El éxito puede ser un gran motivador y el aburrimiento puede
ser una señal de que su hijo no tiene suficientes oportunidades para
desarrollar sus talentos. Quizás necesita matricularse en un curso de inglés avanzado,
una clase de arte o la oportunidad de ofrecerse como voluntario en un
albergue para desamparados.
·Ofrézcale su
apoyo. Los elogios falsos o
exagerados cuando no se ha visto un buen esfuerzo no ayudan en nada, pero los
adolescentes necesitan que se les asegure que son buenos para algo. "A
veces los muchachos dicen que están aburridos, pero es porque no han hecho
[esa actividad] antes," aconseja la maestra Barbara Braithwaite. Quizás
su hijo necesite algunas sugerencias para comenzar un nuevo proyecto; usted
se las puede dar, o algún otro adulto, un instructor o un libro.
·Busque sus
puntos fuertes y desarróllelos.
Todos los jovencitos tienen la capacidad de brillar en alguna área.
Identifique qué es lo que su hijo sabe hacer mejor, no importa lo que sea.
·Comuníquese con
los maestros de su hijo, los consejeros escolares o el director de la escuela
cuando sea necesario. No
es nada raro que las calificaciones bajen un poco al cambiar de un grado a
otro. Pero si las calificaciones bajan demasiado o si persiste por más de un
período de evaluación, comuníquese con alguien en la escuela. Está bien
abogar por su hijo con vigor y con respeto. Pero quizás tenga que insistir un
poco para lograr reunirse con los maestros, puesto que los maestros de
escuela intermedia suelen estar muy ocupados. Llame por teléfono, escríbales
o mándeles un correo electrónico si usted piensa que la tarea es inadecuada o
si a su hijo se le dificulta terminar la tarea. Tome las riendas si usted
siente que su hijo ha sido asignado a clases de las que usted duda de su
rigor académico o si su hijo se la pasa aburrido en clase.
Asegúrese que su hijo sabe, en lo más profundo de su
corazón, que usted lo quiere por quien es y no por lo que él hace.
·Tenga
expectativas realistas. Es
importante fijar normas altas para los jovencitos. Pero cuando se les pide
que logren lo imposible, los adolescentes dejan de esforzarse. No presione a
su hijo de 5 pies y 4 pulgadas de estatura a participar en el equipo de
baloncesto, solo porque jugaba en la primaria. Mejor recuérdele que pronto
crecerá más y que mientras tanto usted le ayudará a seleccionar otras
actividades. Tener expectativas realistas también requiere que usted
considere la personalidad y el temperamento del muchacho. Puede ser que a su
hijo que mide 6 pies de altura no le guste jugar baloncesto. Asegúrese que su
hijo sabe, en lo más profundo de su corazón, que usted lo quiere por quien es
y no por lo que él hace.
·Tenga
paciencia. La motivación de los
jovencitos generalmente mejora cuando los padres toman los pasos que hemos
discutido aquí. Pero no se olvide de tener paciencia: Muchos adolescentes
necesitan del don del tiempo para desarrollar la madurez que les permitirá
terminar la tarea y los deberes domésticos con la más mínima supervisión.
Los valores familiares
Cómo ayudar a su hijo con
la temprana adolescencia
¿Qué puedo hacer para que mi hijo desarrolle valores morales y
sepa distinguir entre lo bueno y lo malo?
Todos queremos que nuestros hijos desarrollen
el respeto y la compasión por otras personas. Queremos que sean honestos,
decentes y considerados—que sepan defender sus principios, cooperar con otros
y actuar responsablemente. Queremos que tomen decisiones morales. Las recompensas
que otorga infundir los valores morales de un jovencito son enormes: los
muchachos que crecen con valores fuertes, consistentes y positivos son más
felices, se destacan más en sus estudios y estan mas propensos a contribuir
más a la sociedad.
Hable con su hijo sobre los buenos valores y
por qué son importantes.
Así como los niños necesitan ser guiados académicamente, tambien deben ser
educados en los valores de una sociedad civil—valores como amar al prójimo;
el dinero hay que ganarlo con un trabajo honrado; decir la verdad y ser
honesto; respetar a los demás, respetar su propiedad y respetar sus
opiniones; y asumir responsabilidad por las decisiones que uno toma.
En palabra y en hechos, los padres juegan un
papel importante ayudando a sus hijos a distinguir entre lo bueno y lo malo y
entre lo correcto y lo no correcto.
Muchas de las amanezas a nuestros hijos hoy en
día no por casualidad suceden, si no porque así lo escogieron—cosas como
beber alcohol y manejar, fumar, coger las drogas, entrar en la actividad
sexual y dejar el colegio.
Las investigaciones indican que los jóvenes
que ejercen un comportamiento riesgoso tienen mas probabilidad de ejercer
otros, por lo tanto los padres deben ayudar a sus hijos a entender los
riesgos y las consecuencias potenciales de sus decisiones—no sólo en el
futuro inmediato si no durante toda la vida.
Afortunadamente la mayoría de los jovencitos
comparten los valores de sus padres en sus aspectos más importantes. Sus
prioridades y principios, así como su buen ejemplo del buen comportamiento le
puede enseñar a sus adolescentes a tomar el camino correcto a pesar de que el
camino fácil sea muy tentador. Estas son algunas formas que usted le puede
ayudar a su hijo a desarrollar valores morales:
Sus prioridades y principios, así como su buen ejemplo del
buen comportamiento le puede enseñar a sus adolescentes a tomar el camino
correcto a pesar de que el camino fácil sea muy tentador.
Si
usted persiste en terminar un deber difícil, su hijo estará más
inclinado a terminar su tarea y sus deberes.
Cuando
usted se niega a beber alcohol antes de manejar, su hijo se fija.
Cuando
usted acepta una pérdida en la cancha de baloncesto con gracia, su hijo
aprende que el ganar no es el todo.
Si
su hijo ve que sus padres se tratan con respeto, este es el ejemplo que
llevará consigo en sus relaciones y en su matrimonio.
Cuando
su hijo ve que sus padres aprecian a las personas de todas las razas y
religiones, es más probable que tenga amistades diversas.
Cuando
usted le señala a la cajera que le entregó cambio de un billete de diez
dólares y usted le dio un billete de cinco, su hijo ve cómo funciona la
honestidad en acción.
Cuando
su hijo observa a sus padres tomar decisiones difíciles—"Vamos a
comprar un auto usado para poder ahorrar dinero para las vacaciones
familiares"—se da cuenta.
Si
usted acepta los fracasos como parte íntegra de la vida—si usted se
levanta y sigue adelante—es más probable que su hijo aprenda a
sobrevivir las penas de la vida.
Si
usted tiene la capacidad de reírse de sus propios errores, su hijo será
más capaz de aceptar sus imperfecciones.
Si
usted se ofrece como voluntario en un albergue, será más probable que su
hijo demuestre compasión por los menos afortunados.
Su actitud ante el dinero y las posesiones
también moldean las actitudes de su hijo. Si usted cree que su valor y el de
otros se define en términos materiales, como los carros, las casas, los
muebles y ropa bonita, es más probable que su hijo adopte las mismas
actitudes. Es muy importante que usted cumpla con las necesidades
de su hijo, pero debe guiarlo para que sepa discernir la diferencia entre lo
que necesita y lo que quiere.
La chaqueta de cuero cara que tiene que comprar puede
ser una buena compra, si tiene los fondos.
Al darle un salario usted le ayuda a
comprender el valor del dinero. Usted decide cuánto le da tomando en cuenta
sus recursos, la edad de su hijo y qué gastos se supone que cubra con esta
cantidad (almuerzos, ropa, donativos para la iglesia, entretenimiento y otras
cosas). Un salario permitirá que su adolescente aprenda a ahorrar y a gastar
el dinero con sensatez.
Naturalmente que los padres quieren compartir
información y dar consejos que encuadren con sus valores morales y religiosos.
Los expertos en desarrollo infantil nos dicen que los padres generalmente son
más adeptos a dar información sobre los detalles biológicos reproductivos que
en hablar sobre lo que más importa: los valores que gobiernan sus actitudes
sobre la sexualidad. Para poder tomar buenas decisiones los adolescentes
necesitan tener información confiable sobre "los detalles de la
vida" que también considere los valores de la familia.
Los adolescentes tienden a buscar a los padres más que a sus
amigos cuando se trata de qué planes hacer después de la secundaria.
Algunos padres descubren que es más fácil
transmitir sus valores morales a sus hijos cuando pueden apoyarse en el
consejo y la participación de otros padres de familia. Muchos padres obtienen
apoyo de sus iglesias, sinagogas, mezquitas u otras instituciones religiosas.
En algún momento los padres se sentirán
desalentados y frustrados mientras sus hijos se enfrentan a la adolescencia.
("No puedo creer que mi hijo haya hecho algo tan estúpido y
desconsiderado. ¿Qué hice mal?") En general, no es necesario el pánico
cuando su hijo se comporta de una manera que contradice sus normas—siempre y
cuando no lo haga con regularidad. El mal comportamiento debe reconocerse y
enfrentarse. Pero en estos momentos, hay que recordar nuestros propios
tropiezos como adolescentes—y la mayoría de nosotros acabamos bien, ¿qué no?
Problemas
Cómo ayudar a su hijo con
la temprana adolescencia
¿Cómo puedo saber—y qué debo hacer—si mi hijo tiene un problema
serio?
La mayoría de los jovencitos entre las edades
de 10 a 14 años de edad no tienen tantos problemas como se sospecha y se
estereotipa. Generalmente superan las peripecias de la adolescencia con
éxito. Pero debe mantenerse al tanto. Según un estudio, el 28 por ciento de
los alumnos de octavo grado en Estados Unidos han experimentado con drogas, a
pesar de que un porcentaje mucho más pequeño desarrolla problemas serios con
las drogas. Algunos jovencitos desarrollan desórdenes alimenticios. Otros
sufren depresión y otros problemas emocionales. En algunos casos los
problemas emocionales provienen de problemas de aprendizaje que no se han
diagnosticado o tratado.
Algunos factores que pueden poner a su
jovencito en mayor riesgo de desarrollar problemas serios incluyen:
Crecer
pobres;
Vivir
en un hogar con un solo padre;
Ser
varones;
Crecer
en un vecindario con poco apoyo social;
Falta
de supervisión adulta
Malas
relaciones con los padres y otros adultos importantes en sus vidas;
Autoestima
deficiente
Asistir
a escuelas de baja calidad académica; o
Haber
sufrido abuso físico, abuso sexual o abandono
No crea que estar en "alto riesgo"
necesariamente significa problemas serios para un muchacho. Algunos
adolescentes con muchos factores de riesgo evitan problemas mayores. Y
algunos con sólo algunos factores de riesgo en sus vidas dan un tropiezo.
Lo que sí sabemos es que ciertas cosas
aumentan las posibilidades de que los niños eviten caer en problemas serios.
El tener padres amantes que les den buen apoyo y que les dan reglas claras a
seguir y los supervisan suficientemente, son elementos claves. Además los
jovencitos con un temperamento agradable, buenas destrezas sociales y un buen
sentido del humor generalmente logran superar los problemas. Un niño que
asiste a la escuela y vive en un vecindario con bastante apoyo social también
tendrá mayor capacidad para recuperarse cuando se enfrenta a los problemas.
Estos apoyos sociales pueden ser el interés de alguien que se preocupa por ellos—por
ejemplo, maestros, entrenadores o vecinos.
Es posible que usted tenga que enfrentar más de un problema
a la vez, puesto que los problemas serios tienden a agruparse.
Una advertencia: Es posible que usted tenga
que enfrentar más de un problema a la vez, puesto que los problemas serios
tienden a agruparse: una jovencita de 12 años con un desorden alimenticio
puede también estar deprimida y un jovencito de 14 años que fuma marihuana
puede haber comenzado a tener relaciones sexuales.
Uso de alcohol o drogas
Puesto que la adolescencia es una etapa de
emociones confusas y tensión no nos debe sorprender que éste es el momento
cuando muchos adolescentes prueban por primera vez las bebidas alcohólicas, el
tabaco y otras drogas.
Y los cambios emocionales repentinos y el
comportamiento errático típicos de la edad pueden ofuscar las señales del
abuso del alcohol o las drogas. Si su hijo demuestra los siguientes síntomas,
es probable que las drogas o el alcohol sean la causa del problema.
Su
hijo se ve aislado, deprimido, cansado y descuidado en su aseo personal.
Si
exhibe demasiada hostilidad y falta de cooperación y nunca cumple con su
hora de llegada.
Tiene
nuevos amigos (y no quiere hablar de ellos).
No
le quiere decir a donde va y qué va a hacer.
Sus
calificaciones bajan.
Pierde
interés en sus aficiones, deportes y otras actividades una vez
favorecidas.
Sus
rutinas para comer y dormir cambian; se mantiene despierto muy tarde y
luego duerme durante el día.
Su
relación con otros miembros de la familia ha empeorado y se rehúsa a
discutir la escuela, las actividades, amigos y otros temas importantes.
Tiene
problemas concentrándose y se le olvidan las cosas.
Trae
los ojos rojos o le corre la nariz cuando no tiene un resfriado.
El
dinero de la casa desaparece.
Desórdenes alimenticios
Los desórdenes alimenticios generalmente
ocurren entre las jovencitas. Los desórdenes alimenticios entre los varones
generalmente ocurren entre atletas, especialmente los luchadores.
Los desórdenes alimenticios más comunes son anorexia
nervosa y la bulimia. La anorexia es un
desorden emocional que puede comenzar con una pérdida de peso extrema y la
incapacidad de subir de peso. El 90 por ciento de las personas que sufren de
éste desorden son mujeres. Los estudios científicos sugieren que una de cada
250 mujeres sufre de anorexia, y sus síntomas aparecen por primera vez
durante los primeros años de la adolescencia. La bulimia se caracteriza por
episodios de comer en exceso y luego vomitar intencionalmente, las ayunas y
el ejercicio extremo. La bulimia tiende a presentarse entre las adolescentes
mayores, y muchas de ellas también han padecido de anorexia.
Varios desórdenes físicos están relacionados
con los desórdenes alimenticios, tales como los problemas renales, las
arritmias cardíacas, irritación y desgarramiento del esófago, mareos y
desmayos, y problemas estomacales e intestinales. La mortalidad es del 5 al
15 por ciento, pero esta cifra se puede disminuir con tratamiento.
Diríjase a un experto de inmediato si su hija:
Baja
de peso repentinamente sin razón médica;
Reduce
la cantidad de alimentos que consume, o deja de consumir carbohidratos y
grasas;
Hace
demasiado ejercicio a pesar de sentirse débil y fatigada;
Le
aterroriza la idea de subir de peso;
Deja
de menstruar;
Se
excede al consumir alimentos de alto contenido calórico; o
Trata
de controlar su peso vomitando o utilizando laxantes y diuréticos.
Depresión y suicidio
Un aumento en la tasa de suicidio entre los
jovencitos en los primeros años de la adolescencia significa que los padres
deben aprender a reconocer las causas y los síntomas. Muchos factores
contribuyen a la depresión grave que puede resultar en suicidio. Si uno de
los padres sufre de una enorme depresión, es probable que lo herede su hijo.
Pero a veces las situaciones difíciles como los divorcios y la infelicidad
familiar, la pérdida de un padre por causa de divorcio o fallecimiento, el
abuso sexual o el uso de drogas o alcohol puede contribuir a un estado
depresivo. Otras situaciones estresantes también pueden contribuir: por
ejemplo, al perder a un familiar querido, al ser ignorados por sus amigos o
al tener preocupaciones serias sobre la sexualidad.
Algunas señales de advertencia que indican
depresión o tendencias suicidas incluyen:
Cambios
en los hábitos de descanso (dormir demasiado o demasiado poco);
Cambios
en el comportamiento (falta de concentración en la escuela, trabajo o en
tareas rutinarias, calificaciones que empeoran);
Cambios
en la personalidad (parecen tristes, aislados, irritados, ansiosos,
cansados, indecisos o apáticos);
Cambios
en sus hábitos alimenticios (pérdida de apetito o peso o comen
demasiado);
Cambios
físicos (falta de energía, subir o bajar de peso repentinamente, falta
de interés en su apariencia);
Un
cambio drástico o una pérdida (ya sea por causa de muerte, divorcio,
separación o relación fracasada);
Falta
de interés en los amigos, la escuela o actividades;
Bajo
nivel de autoestima (no sienten que tienen valor alguno, sentido de
culpabilidad u odio hacia sí mismos);
Falta
de esperanza en el futuro (sienten que nada va a mejorar, que nada
cambiará);
Preocupación
con la música, arte o reflexiones personales sobre la muerte;
Regalan
sus posesiones o de alguna otra manera "ponen sus cosas en
orden"; y
Amenazas
directas por suicidarse al decir cosas como, "¡Mejor quisiera
morirme!" "Mi familia estaría mejor sin mí." O "No
tengo razón por vivir." Estas amenazas hay que tomarlas siempre en
serio.
Problemas de aprendizaje
Los Institutos Nacionales de Salud calculan
que un 15 por ciento de la población en los Estados Unidos sufre de algún
problema de aprendizaje. Los alumnos con problemas de aprendizaje sufren de
un desorden neurológico que les dificulta almacenar, utilizar o producir
información. Son igualmente inteligentes como cualquier otra persona y suelen
destacar en el arte, la música o los deportes. Pero puede existir una
discrepancia entre su capacidad y su rendimiento ya que suelen tener
problemas con la lectura, la escritura, con el habla o con las matemáticas,
así como con sus relaciones sociales. Generalmente los alumnos con problemas
de aprendizaje tienen que trabajar más duro que sus compañeros para compensar
por los problemas que sufren. Esto les puede causar depresión y falta de
seguridad en sí mismos, especialmente si su problema no ha sido diagnosticado
o no han recibido tratamiento.
Generalmente los alumnos con problemas de aprendizaje tienen
que trabajar más duro que sus compañeros para compensar por los problemas
que sufren.
Busque las siguientes señales de los problemas
de aprendizaje. Si su hijo exhibe uno o dos de estos síntomas, no hay por que
preocuparse demasiado, pero si usted detecta varios, le sugerimos que busque
ayuda:
Frecuentemente
invierte el orden de las letras en la escritura, por ejemplo escribiendo
tapa en vez de pata.
Se
le dificulta aprender a deletrear usando estrategias como usar la
información de los prefijos, sufijos o palabras raíz.
Evita
leer en voz alta.
Evita
escribir composiciones.
Tiene
problemas con la escritura y trata de evitarla por completo.
No
sabe sostener el lápiz correctamente.
Tiene
problemas recordando ciertos datos.
El Trastorno de Déficit de Atención (TDA) o
Trastorno de Hiperactividad con Déficit de Atención (THDA), no es un problema
de aprendizaje, aunque casi una quinta parte de los alumnos que sufren ADD
también tienen problemas de aprendizaje. Estos alumnos se distraen muy
fácilmente y no se pueden enfocar en su trabajo.
Si usted sospecha que su hijo adolescente
tiene un problema de aprendizaje, hable con su pediatra, con los maestros de
su hijo y el consejero escolar, y ellos le ayudarán a obtener una evaluación
profesional. Por ley, los niños con problemas de aprendizaje tienen el
derecho de seguir su propio plan de estudios conocido como un Programa de
Educación Individual (IEP, siglas en inglés).
Conclusión
Cómo ayudar a su hijo con
la temprana adolescencia
Nadie puede garantizar que los adolescentes
crecerán y llegarán a ser adultos responsables y hábiles. Sin embargo, su
influencia sobre su hijo adolescente es enorme. Sí, es cierto que en un mal
día los tenis apestosos y el mal humor lo lleven hasta los límites de su
paciencia. Pero es sumamente importante mantenerse involucrado. Cuando ya
está por rendirse a la frustración es exactamente cuando debe mantenerse
firme.
Un paso muy importante para ayudar a su hijo—y
a usted mismo—es aprender todo lo que pueda sobre el mundo en que viven los
adolescentes, el mundo fascinante, confundido y maravilloso de los años entre
los 10 y los 14 años de edad. Como dijo una maestra de secundaria de Texas,
Emily Hutchison, los primeros años de la adolescencia "nunca son
insípidos, nunca son aburridos". Siga sintonizado al mundo de su
adolescente y no deje de disfrutar de esta etapa especial de su crecimiento.