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Mamá estoy Aburrido

 

¡Mamá estoy aburrido!


Los expertos en educación consideran que las vacaciones de verano de los escolares son excesivamente largas y recomiendan que los niños no pierdan el hábito de trabajo adquirido durante el curso. Los niños poseen una enorme capacidad de aprendizaje, absorben conocimientos con gran rapidez, tanto si están en la playa como en el colegio. Y así como a la escuela hay que sacarle todo el provecho a esa capacidad, ¿por qué no intentar que las vacaciones sean también provechosas desde el punto de vista educativo?

¿Cómo hacerlo? En primer lugar, cambiando la mentalidad que equipara vacaciones a no realizar ningún esfuerzo. No hay nada tan aburrido como unas vacaciones en las que apenas hay nada que hacer y en las que hasta los juegos que prometían ser divertidos terminan por convertirse en algo rutinario. La actividad intelectual, por otra parte, no es patrimonio de la escuela; se pueden hacer viajes, visitar museos o hacer excursiones por parques naturales y conseguir que todo eso derive en enseñanza activa. Es también importante que los niños se sumerjan en el entorno geográfico y social que les rodea durante las vacaciones, es decir, que se interesen por las gentes y las costumbres de su lugar de veraneo. Esta fuente de conocimientos es tan importante como la académica. En realidad lo que el niño esta haciendo es aprender de forma distinta, fuera de los horarios rígidos y la rutina escolar y con un calendario libre y flexible que le permite seguir aprendiendo de una forma agradable.

Tampoco conviene identificar vacaciones con ausencia total de obligaciones. Las vacaciones son para toda la familia, no sólo para los más pequeños. Padres e hijos pueden colaborar en los quehaceres diarios. Los niños no deben abandonar durante el verano los hábitos fundamentales y pueden cooperar con las responsabilidades familiares. Gozar del tiempo libre es un derecho de toda la familia y con un poco de organización todos pueden hacerse la vida más agradable.

La utilización de materiales educativos no está reñida con las vacaciones. Muchas editoriales publican materiales para las vacaciones, con contenidos más lúdicos y flexibles que los puramente escolares, que incluyen juegos, concursos y pasatiempos. Y lo más provechoso de todo: lectura, mucha lectura, porque leer no es un trabajo escolar, es aprendizaje, ideal para el verano. Y si se comparte, mejor que mejor. En esta época del año en que los adultos disponen, por lo general, de más tiempo libre, se pueden comentar aspectos de la lectura con los hijos, como cuando se ve una película.

No olvidemos, por último, lo más importante: el sentido común a la hora de aplicar estas recomendaciones. Los niños necesitan desarrollar su creatividad a través del juego, tan necesario para su desarrollo físico, emocional y social. No se trata de saturar a los muchachos con actividades, puesto que deben ser ellos los que gestionen su tiempo libre, sino de sugerir otras formas de rellenar su ocio y enriquecer su formación.


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